Troquílidos (colibríes), por Ernst Haeckel (detalle)

En enero de 2008 publiqué este artículo en un blog donde se me había invitado a escribir, pero no pude ir más allá de un par de artículos porque me enfermé. Viendo que aquel blog ha «reciclado» y ampliado el artículo original sin mencionar mi nombre (todo bien; tampoco es que eso fuese un requisito), he decidido volver a publicarlo aquí.

¿Por qué necesitamos nombres científicos?

Nycticorax nycticorax
Para mí, esto es una «garza bruja».
Foto: Spaceaero2
El ave que vemos aquí a la derecha se distribuye en América desde Canadá hasta Tierra del Fuego y las Islas Malvinas; también vive en Europa, África y Asia.
Solamente en Latinoamérica recibe los nombres comunes de cuaco, guaco, bruja, zorro de agua, pájaro bobo, taiassu, tajasu guyra, pájaro cachi, garza chesché, garza solitaria, garza bruja, savacu, taquiri, dorminhoco, socó-dorminhoco, guacuru, gauda, y seguramente me estoy olvidando de unos cuantos.

Si el lector está en la Península Ibérica, esto es un martinete común… ¡o un amiltxori arrunta, martinet de nit, orval o garza da noite!

Imaginar la confusión que se produciría entre personas de diferentes regiones al tratar de referirse a este animal por el nombre común que ellos conocen…

En cambio, el nombre científico de esta especie de garza, Nycticorax nycticorax, es uno solo y el mismo para todo el mundo. Esto permite que los científicos que hablan diferentes idiomas puedan referirse a este animal en particular sin confundirlo con ninguna otra especie.

Carl von Linné, por Hendrik Hollander (1853)
Linneo durante su expedición a Laponia,
vestido al uso lapón y sosteniendo su
planta emblemática, la Linnaea borealis.
Óleo de Hendrik Hollander (1853).
Podemos probar lo efectivo que es este método. Vean los resultados de la búsqueda de «Nycticorax nycticorax» en Flickr: todas las fotos muestran al mismo animal, aunque fueron tomadas por fotógrafos de todas partes del mundo, que hablan diferentes idiomas.

Linneo salva las papas

Los nombres científicos fueron creados en 1758 por el biólogo sueco Carl von Linné —a quien en castellano llamamos Linneo—, para resolver los problemas de nomenclatura de las especies, es decir, de cómo nombrarlas. Por entonces toda persona instruida sabía latín y griego, por lo que los textos científicos se escribían en esos idiomas, a fin de que todos los estudiosos de la época pudieran entenderlos. Inicialmente, los nombres científicos se escribieron en latín o en griego por el mismo motivo: esos eran los idiomas que usaba la ciencia.

Linneo dio nombre a muchas plantas, animales y otros organismos. Lombricus terrestris, la lombriz de tierra común europea, todavía lleva el nombre que le dio Linneo, completamente en latín, y muy sencillo y descriptivo.

Y el hombre dio nombre a todos los animales (y a plantas, hongos, etc.)

Pero… como no hay ninguna regla que obligue a que los nombres científicos deriven del latín o del griego, últimamente se han registrado algunos insólitos.

Aquí hay unos cuantos ejemplos de nombres registrados en las últimas cuatro décadas. (El primer término de un nombre científico es el género, y el segundo la especie; al repetir un género lo abreviaré poniendo solamente su letra inicial, como es costumbre.)

  • Pachygnatha zappa (una araña). Según los biólogos belgas Robert Bosmans y Jan Bosselaers, quienes le dieron ese nombre, «la mancha de color gris oscura que se encuentra en la cara ventral del abdomen de la hembra de esta especie se parece extraordinariamente al legendario bigote del artista». (Frank Zappa, por supuesto.)
  • Bobkabata kabatabobbus (un copépodo parásito). Nombrado así en honor al parasitólogo Bob Kabata.
  • Varias moscas chupadoras de sangre del género Maruina: Maruina amada, M. amadora, M. cholita, M. muchacha, M. querida, M. chamaca, M. chamaquita, M. chica, M. dama, M. nina, M. tica y M. vidamia. (¡Todos los nombres son adjetivos y diminutivos afectuosos!)
  • Pericompsus bilbo (un escarabajo carábido). En alusión al personaje principal del libro El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. Llamado así por el entomólogo Terry Erwin porque «era petiso, gordo y de patas peludas».
  • Adonnadonna primadonna (un microfósil silíceo). El nombre viene de un tema pop de los años 1960 de la banda Dionne & The Belmonts.
  • Bambiraptor (dinosaurio terópodo). Por Bambi, debido a su escaso tamaño.
  • Leonardo davincii (una polilla pirálida).
  • Agra dable (otro escarabajo carábido de Erwin).
  • Arthurdactylus conan-doylei (un pterosaurio brasileño). Llamado así por Dino Frey y David Martill en honor a Arthur Conan Doyle y en referencia a su novela El Mundo Perdido, en la cual un pterosaurio sudamericano es llevado vivo a Londres.
  • Abra cadabra (un molusco bivalvo). Lamentablemente ha pasado a ser sinónimo con Theora mesapotamica.
  • Psephophorus terrypratchetti (tortuga fósil del Eoceno). En honor a Terry Pratchett, en cuya serie de libros Mundodisco el mundo homónimo es transportado por una tortuga gigante.
  • Ytu brutus (un pequeño escarabajo acuático). Ytu es una palabra regional brasileña que significa «cascada».
  • Darthvaderum (un ácaro oribátido). Según el especialista Hunt, que lo registró así en 1996, el conjunto de las partes bucales del ácaro le hizo acordar inmediatamente a Darth Vader.
  • Varias moscas minadoras de hojas del género Ophiomyia: Ophiomyia prima, O. secunda, O. tertia, O. quarta, O. quinta, O. sexta, O. septima, O. octava, O. nona, O. undecima y O. duodecima. (¡Quién sabe por qué no hay una Ophiomyia decima!)
  • La cucaracha (otra polilla pirálida).
  • Varios trilobites del género Arcticalymene: Arcticalymene viciousi, A. rotteni, A. jonesi, A. cooki y A. matlocki. Llamados así en honor a los Sex Pistols.
  • Pheidole harrisonfordi (una hormiga). Llamada así por el entomólogo E.O. Wilson, en reconocimiento al compromiso del actor Harrison Ford por su participación destacada en la ONG Conservation International.
  • Draculoides bramstokeri (una araña). En referencia a Bram Stoker, el autor de la novela Drácula.
  • Orquídeas del género Dracula: Dracula chimaera, D. chiroptera, D. diabola, D. fafnir, D. gorgona, D. nosferatu, D. polyphemus, D. vampira, D. vlad-tepes. Estas orquídeas tienen un aspecto extraño y suelen ser en parte pardas, con pelos.
  • Salinoctomys loschalchalerosorum (rata vizcacha chalchalera). Según Mares, Braun, Barquez y Díaz, el equipo científico que la describió, se llama así «por el gran conjunto folklórico argentino “Los Chalchaleros”, en honor de sus 52 años cantando la música tradicional del oeste argentino, sus ambientes naturales y su historia».
  • Losdolobus (género de arañas brasileñas). Los investigadores Platnick y Brescovit, queriendo homenajear a un par de argentinos que habían colaborado con ellos, les pidieron que sugiriesen un nombre para el nuevo género, y estos propusieron «losdolobus». (Si alguien precisa una explicación, por favor deje un comentario.)

Addendum de 2016

Miguel Ángel Verde Valadez convirtió este artículo en una entretenida presentación de diapositivas.

La «lista madre» de nombres científicos insólitos está en el sitio Curiosities of Biological Nomenclature, de Mark Isaak. Según veo, la lista se actualiza cada cierto tiempo.

Con motivo del Día del Orgullo Friki del año 2011, Carlos Lobato blogueó también un artículo sobre nombres científicos curiosos, pero confeccionó una lista diferente. Para el 2014 publicó otro sobre organismos con nombres científicos relacionados con gente famosa.

Y para cerrar el artículo con Linneo:

Dibujo de Linneo sobre el género Andromeda
Dibujo de Linneo sobre el género Andromeda:
«Andrómeda. Ficticia y real; mítica y genuina; imaginada y retratada del natural.»
Es a propósito de Andromeda polifolia, una planta ericácea que Linneo encontró durante su expedición a Laponia de 1732, creando el género Andromeda para ella. (Me encanta cómo el monstruo marino que amenaza a la Andrómeda mítica se convierte en una lagartija en el dibujo de la planta.)
Marca del «Mosquito» de Baunscheidt

Curioso titulo para una curiosa historia que en un principio nos hace pensar en la acupuntura, aunque en realidad está más relacionada con la homeopatía.

El 16 de diciembre de 1809 nació en Hagen, Prusia, el personaje principal de esta nota, llamado Carl Baunscheidt. De profesión mecánico, estudió también química, física y horticultura y, sin ser médico, llegó a tener un buen conocimiento de la medicina de su tiempo.
Habiendo observado que las picaduras de abejas —o incluso hasta de un mosquito— mejoraban los dolores reumáticos, en 1848 Baunscheidt inventó y construyó un aparato al que llamó Lebenswecker (‘despertador de la vida’). El inventor afirmaba que este artilugio, al que se conoció también como «Mosquito de Baunscheidt», era capaz de curar toda clase de enfermedades, y que funcionaba «creando poros adicionales» en la piel, los que facilitaban la salida de sustancias tóxicas del cuerpo.

Portada de la revista El Mosquito, 1886
Paralelamente a sus investigaciones, Baunscheidt publicó, a partir de 1861, una revista llamada Die Mücke (‘El mosquito’), en la cual hacía publicidad a su método. Este alcanzó pronto un éxito considerable, a tal punto que el explorador Alexander Humboldt llevó un Lebenswecker en su viaje de exploración al volcán Chimborazo.
El Lebenswecker fue incluso exportado a China y empleado allí en una epidemia de cólera «con excelentes resultados, ya que de 80 enfermos solo murieron tres».
Por cierto, la revista de Baunscheidt abundaba en halagos hacia este invento y mencionaba, en 1861, la cura de 158 casos de rabia, 185 de pleuresía, 186 de peritonitis, 197 de tifus, 199 de herpes, 202 de cataratas, 248 de picaduras de abejas, y más. También se publicaban en ella cartas de agradecimiento recibidas desde diversos países, y se descubrían día a día nuevas aplicaciones para el método terapéutico: gonorrea mal curada, sordera, gota, tuberculosis, reumatismo, cálculos de vesícula, afecciones crónicas de la piel, etc.

El Mosquito en cuestión, y cómo se usaba

El Lebenswecker o «mosquito» propiamente dicho, pieza central del tratamiento ideado por Baunscheidt (baunscheidtismo), consistía en un cilindro hueco de aproximadamente 25 centímetros de longitud, de madera torneada y similar al mango de un plumero, que en uno de sus extremos tenía un cabezal conteniendo unas 30 agujas muy finas de acero, unidas a un eje ubicado en el interior y tensado por medio de un resorte. El cabezal contaba con una tapa a rosca para cubrir las agujas cuando el aparato no estaba en uso.

Este instrumento se apoyaba sobre la piel del enfermo y, liberando el muelle, las agujas dentro del cabezal salían disparadas, clavándose apenas unos milímetros en la piel y retrayéndose con gran rapidez, con lo que la molestia era mínima.
Sobre la zona intervenida de este modo se aplicaba luego el oleum baunscheidtii, un aceite también inventado por Baunscheidt, el cual provocaba una intensa inflamación local, que supuestamente debía facilitar la salida de toxinas y estimular las defensas del cuerpo del paciente, curando así la afección inicial.

Equipo de baunscheiditismo
Equipo básico de baunscheidtismo de 1869: «mosquito», frasco de oleum y manual. Jindera Pioneer Museum, Nueva Gales del Sur.
Foto: Dirk H.R. Spennemann
La fabricación del Lebenswecker estuvo a cargo de un establecimiento del propio Carl Baunscheidt en Bonn, Alemania, a partir de 1865. Baunscheidt elaboraba también el oleum, cuya fórmula era secreta… ¡pero no contenía veneno de serpiente, como alegaban sus detractores!

Examinando «mosquitos» de época se observan muy pocas variaciones entre ellos. En la mayoria de estos solamente varía la conformación del extremo de punción, como también la cantidad de agujas (entre 26 y 32). El material preferido para el mango y el cabezal parece haber sido la madera de ébano.

Lebenswecker del Museo de Hamburgo
Lebenswecker de época (1800–1860); notar la tapa a la izquierda. Mide unos 24 cm de largo. Foto: Hamburg Museum

Este método terapéutico fue popular especialmente entre la gente de origen germánico. El equipo básico de baunscheidtismo consistía en un «mosquito», un frasco de oleum y un manual de uso, implementos que frecuentemente acompañaban a sus dueños en viajes largos, cual si fueran un botiquín de primeros auxilios. Así, se conservan Lebensweckers de época en Australia, llevados allí por inmigrantes alemanes.

Capítulo aparte merece un ejemplar de este aparato hallado en Viena, cuyo cabezal lleva una preciosa ornamentación en marfil, en la que se ve, entre otras cosas, un emblema hecho a la manera de los escudos nobiliarios, formado por dos Lebensweckers cruzados sobre un frasco de oleum y rodeados de una guirnalda de flores, todo esto coronado por la figura de un mosquito. Seguramente fue elaborado especialmente para una familia o persona de alta posición social, lo que testimonia la reputación que llegó a alcanzar este invento.


Cabezal de un lebenswecker moderno
Cabezal de un Lebenswecker moderno, con las agujas retraídas.
Foto: Guðrún Faller
Si bien el método del «mosquito» no parece particularmente cruento, algunos autores señalan que habría ocasionado algunos fallecimientos, cuyo motivo pudieron haber sido la rudimentaria asepsia del siglo XIX sumada a los muchos pinchazos que podía llegar a recibir un paciente durante una sesión de baunscheidtismo.

Posteriormente a este invento, Baunscheidt continuó investigando en el campo de la medicina y produjo, entre otras cosas, un aparato de vacunación antivariólica, un enjuague bucal y un aceite para «limpiar la sangre».

Mosquitos modernos

Actualmente el baunscheidtismo se sigue practicando, por lo general en combinación con otras terapias alternativas. Las agujas del Lebenswecker son ahora de acero inoxidable esterilizable, y el tratamiento se indica especialmente para afecciones de las articulaciones y de la columna, bronquitis, neuralgia, trastornos metabólicos y disfunciones de varios órganos.
Maniquí con frasco de radio

Este artículo está dedicado a recordar algunos objetos de uso diario cuyo principal atractivo era la radiactividad.

Pese a lo que se podría creer, las modas radiactivas no comienzan en la «era atómica» de mediados del siglo XX, sino que se remontan al descubrimiento del radio, uno de los primeros elementos radiactivos de los que la ciencia tuvo noticia. Así que nuestra lista comienza mucho más atrás.

1903: el espintariscopio

En 1903, a Sir William Crookes se le cayó una muestra de radio que estaba estudiando y, al recuperarla, descubrió que si se la ubicaba muy cerca de una pantalla fluorescente de sulfuro de cinc se podían observar claramente las desintegraciones nucleares individuales de los átomos de radio. Sir Crookes las describió así:
…Al aproximar el radio a la pantalla, los destellos se vuelven más numerosos e intensos, hasta que, al encontrarse muy próximos, comienzan a repetirse tan rápidamente que la superficie parece un mar turbulento y luminoso.
Construyó entonces un artefacto para observar este fenómeno, al que llamó «espintariscopio» (del griego spinth´ēr, ‘chispa, destello’). Era parecido a un catalejo muy corto y llevaba una muestra muy pequeña de bromuro de radio en su interior. En un extremo, a una mínima distancia de las sales de radio, iba la pantalla de sulfuro de cinc; el otro extremo tenía una lente para mirar los destellos.

Un objeto tan sencillo que permitiese apreciar la desintegración radiactiva a simple vista y que, además, producía un efecto óptico tan llamativo, no podía sino convertirse en un juguete científico de moda. Algunos malpensados agregan que este invento también tuvo mucho éxito en las reuniones victorianas entre damas y caballeros porque por lo general había que esperar un rato en la oscuridad para que la vista se adaptara y pudiese distinguir los destellos.

El material radiactivo de los espintariscopios de la época podía ser bromuro de radio, pechblenda o nitrato de torio, porque el radio era caro y escaso, y no siempre estaba disponible.

En defensa del espintariscopio hay que decir que no fue siempre un mero juguete o curiosidad, ya que en 1924, antes de que se inventaran dispositivos mejores, fue utilizado por Geiger y Werner para hacer estudios científicos sobre la radiactividad.

Los espintariscopios construidos en 1903 todavía funcionan, porque el radio se mantiene radiactivo durante miles de años. Sin embargo, al abrir uno de estos aparatos se observan consecuencias de la desintegración radiactiva que lentamente lo va deteriorando.

Comienzos del siglo XX: el reloj fluorescente

Agujas de reloj con pintura de radio, iluminadas con luz UV
Agujas de reloj de los años 1940–1950 tratadas con
pintura radiactiva, vistas bajo una luz UV usada para
excitar la fluorescencia (al decaer la radiación, las agujas
ya no brillan por sí solas). Foto: Julien Simon
Durante las primeras décadas del siglo pasado el radio siguió siendo «la gran cosa» en la imaginación popular, y algunos productos llevaban la marca registrada «Radio» aunque no hubiese nada de elemento radio en ellos: simplemente, esa palabra evocaba algo moderno, energético y luminoso.

En el caso de los relojes fluorescentes, sería difícil averiguar cuándo se construyó el primero, pero estuvieron en boga en esta época. Se trataba de relojes de uso diario —de pulsera, despertadores, etc.— que tenían las agujas pintadas a mano con una pintura hecha de sulfuro de cinc y radio, lo que hacía que brillasen.
Pronto se descubrió que las trabajadoras que pintaban las agujas eran afectadas seriamente por el radio, aunque hay relojes con pintura de radio que datan, todavía, de los años 1960.

Los coleccionistas actuales pueden comprobar, con ayuda de un contador Geiger, que algunos de estos viejos relojes son más radiactivos que otros. Pero en general sus agujas ya no brillan debido al deterioro del sulfuro de cinc o a que el elemento radiactivo utilizado no era radio sino, por ejemplo, prometio-147 o tritio, que decaen mucho más rápido.

El irradiador de agua potable «Revigator»
Portada del manual de instrucciones del
dispensador de agua radiactiva Revigator, de 1928.
Este bidón de cerámica generaba gas radón,
que volvía radiactiva el agua.

Década de 1920: el agua irradiada

Durante esta década y parte de la siguiente se puso de moda tratar el agua potable con gas radón. ¿Para qué? Para tomarla, por supuesto. Porque la radiactividad era curativa y salutífera a más no poder… o por lo menos eso se decía.
El argumento detrás de esta idea era que, como el agua mineral de fuente natural es a veces radiactiva en origen debido al gas radón, debía ser saludable. Pero esa radiactividad natural se perdía durante el traslado, la distribución y el tratamiento del agua, por lo que había que restituírsela.

Diferentes aparatos de uso doméstico se inventaron y comercializaron con este fin. Entre ellos estaban los dispensadores de agua radiactiva, que podían estar hechos de cerámica, de metal o de vidrio, y que iban recubiertos por dentro con algún mineral radiactivo, o provistos con un trozo de un mineral de estas características que permanecía en el interior del dispenser y entraba en contacto con el agua.
Se solía decir que este material era radio, aunque en la práctica algunos de estos artefactos usaban minerales (carnotita, torbernita) que contenían uranio en lugar de radio, pero que igualmente producían el efecto buscado: generar radón al decaer, irradiando el agua que se echaba en el dispenser.
Luego de esperar un tiempo prudencial para que el agua se «activara», el usuario podía extraerla por medio de una espita o canilla situada cerca de la base del aparato.

Otros inventos dedicados a irradiar el agua, los «emanadores», eran portátiles: se trataba de objetos mucho más pequeños, por lo general en forma de cono o cilindro, que contenían material radiactivo. Para irradiar cualquier líquido no había más que sumergirlos en él.
Estos artilugios se fabricaron y vendieron, con variantes, en casi todo el mundo civilizado: los hubo fabricados en Alemania, en Checoslovaquia, en Inglaterra, en Estados Unidos y en Canadá.

Publicidad gráfica de un lápiz de labios de
la línea francesa Tho-Radia, que contenía
torio y radio. Los cosméticos Tho-Radia
ganaron popularidad a principios de
la década de 1930.
También se comercializaba agua mineral previamente irradiada. Esto fue lo que hizo entre 1919 y 1922 la Great Radium Spring Water Company, sita en Massachusetts, Estados Unidos, que distribuía el agua en botellas.

Esta moda del agua irradiada solamente se aplacó un poco a partir de 1932 debido a la horrible muerte del atleta e industrial estadounidense Eben Byers, quien diariamente tomaba un elixir de agua destilada tratada con radio y torio llamado Radithor. Se calcula que Byers llegó a beber unos 1400 frascos de Radithor, lo que le causó múltiples tumores inducidos por la radiación ionizante. Fue enterrado en un ataúd revestido de plomo.
Sorprendentemente, el inventor y promotor del Radithor, William Bailey, no escarmentó ni fue a la cárcel. Luego del caso Byers, fundó en Nueva York una compañía llamada Radium Institute y comercializó una hebilla de cinturón radiactiva, un pisapapeles radiactivo y un nuevo mecanismo para irradiar el agua.

Estos productos vinieron a sumarse a la larga lista de mercancías radiactivas producidas en las décadas de 1920 y 1930: cosméticos de todas clases, jabones, dentífricos, pastillas, parches terapéuticos, anteojos, pomadas, pan, soda, chocolates, supositorios y hasta condones.

Década de 1930: la vajilla de uranio

Durante los años 1930 se fabricaron objetos de vidrio y cerámica radiactivos para uso diario, aparentemente solo por motivos estéticos.

Vidrio de uranio
Viejas piezas de vidrio de uranio. Foto: Nerdtalker
El vidrio de uranio podía contener uranio u óxido de cerio, y solía presentar un color verde o amarillo verdoso. Al iluminarlo con una luz negra (luz ultravioleta) produce una fluorescencia verde que lo delata.

En 1936, los consumidores de Estados Unidos fueron sorprendidos por una hermosa línea de vajilla para uso diario llamada Fiesta. Venía en cinco colores: rojo anaranjado, azul, verde, amarillo y marfil. Los platos de color rojo anaranjado, que eran los más caros, debían su color al óxido de uranio que se incluía en su vidriado.
Este óxido inicialmente provenía de mineral de uranio natural, y así fue hasta 1943, cuando las existencias de uranio de la firma fueron confiscadas por el gobierno de Estados Unidos, pues eran necesarias para la bomba atómica.

En 1959 la línea Fiesta resurgió, pero esta vez usando uranio empobrecido, que es un un residuo del enriquecimiento y del reprocesamiento industrial del uranio.

Varios otros fabricantes de vajilla cerámica de la década de 1930 utilizaron uranio para dar color a sus piezas, y también se lo usó para colorear azulejos.

1945 – década de 1950: la vida atómica

Para 1945 Estados Unidos disponía de bombas atómicas plenamente funcionales, por lo que el poder del átomo estaba en boca de todos. La «era atómica» había llegado: esto quería decir que en el futuro todo funcionaría con energía atómica, desde los aviones hasta las lapiceras. Por lo tanto, no era raro que apareciesen más productos radiactivos, aunque los elementos asociados popularmente a la radiactividad serían, no ya el radio, sino más bien el uranio y el plutonio.

Gilbert Nuclear Physics Atomic Energy Lab
El U-238 Atomic Energy Lab de la firma Gilbert fue un
juguete que se vendió en Estados Unidos entre 1950 y 1951.
Los materiales para hacer los experimentos eran de baja
radiactividad, pero auténticos. Foto: Webms

Las bujías radiactivas Firestone

Alrededor de 1945, la empresa Firestone lanzó al mercado unas bujías con polonio-210 (hay que decir que en 1929 ya se había patentado un modelo, pero no parece que se haya fabricado). La idea detrás de las bujías Firestone era que las partículas alfa emitidas por el polonio ionizarían el gas alrededor de la chispa, dándole más duración y por lo tanto mejorando el arranque del motor.

En realidad, como el polonio-210 tiene una vida media de 138 días, es probable que el tiempo, si no la mugre, inutilizaran bastante rápido cualquier posible efecto de las partículas.

El Anillo Bomba Atómica del Llanero Solitario y otros juguetes para niños

En 1947, si un niño estadounidense llevaba al almacén una tapa de cereales Kix y quince centavos, recibía el Anillo Bomba Atómica del Llanero Solitario. Este era un anillo dorado de 2 cm y medio de alto que, en el lugar donde un anillo normalmente lleva una piedra preciosa o adorno, tenía un pequeño objeto plateado en forma de cohete-bomba. Este era en realidad un espintariscopio en miniatura que funcionaba no con radio, sino con polonio-210, que decae en 138 días, por lo que es de imaginar que ninguno de los anillos en poder de coleccionistas funciona hoy, aunque debieron funcionar en su momento.

Otro juguete popular, el juego de química, tuvo versiones radiactivas durante los años 1950. Las cajas del juego podían traer, por ejemplo, un frasquito de mineral de uranio auténtico, un espintariscopio, un folleto sobre la energía atómica…

Década de 1970: el marcapasos de plutonio

Si bien algunos artefactos de uso habitual contienen materiales radiactivos aún hoy (como los detectores de humo o los cepillos antiestáticos), es altamente improbable que se venda algún objeto que contenga plutonio, ya que su uso no está permitido.

Sin embargo, en algún momento de la década de 1970 se comercializaron marcapasos que funcionaban con una pila termoeléctrica de plutonio. De acuerdo con el Laboratorio de Los Alamos, todavía quedan usuarios que tienen implantados estos aparatos, que funcionan con plutonio-238. El gobierno de Estados Unidos requiere que cuando dejen de ser útiles se los remita nuevamente a Los Alamos, pero no todos irán a parar allí... puesto que también se los fabricó en la U.R.S.S., detrás de la antigua Cortina de Hierro.
El Sol, de una carta de tarot

El mazo de tarot es objeto de la campaña propagandística más exitosa que se haya organizado jamás: en absoluto la más importante, pero sí la más exitosa. Una historia enteramente falsa, y una falsa interpretación de las cartas del tarot fueron pergeñadas por los ocultistas, y son creídas de manera absolutamente universal.
(Ronald Decker, T. Depaulis y M. Dummett, A Wicked Pack of Cards: The Origins of the Occult Tarot, 1996.)
Todos hemos visto en alguna parte —aunque más no sea en la vidriera de una santería o en un programa de televisión— un mazo de tarot: son esas cartas con dibujos misteriosos que los adivinos «tiran» sobre una mesa e interpretan, según qué cartas salgan del mazo y en qué lugar y posición caigan, el futuro de la persona que los consulta.

La realidad es que el tarot no tiene mucho de oculto en el sentido esotérico; lo que sí suele estar oculto es su verdadero origen.
Si tomamos un mazo de cartas de tarot nuevo, notaremos que viene con un cuadernillo instructivo. Estos cuadernillos a veces nos informan que el origen del tarot está en el Libro de Toth, que data del antiguo Egipto.
Suena muy mágico, pero no lo es. El Libro de Toth pertenece a la mitología egipcia, y la aseveración de que el tarot se origina en Egipto la hizo por primera vez el clérigo suizo protestante Antoine Court de Gébelin en 1781, en su libro Le monde primitif. Según él, el mazo de tarot de Marsella representaba los misterios de Isis y de Toth, mientras que la palabra tarot significaba «camino real» en antiguo egipcio.
¿Cómo hizo Gébelin para interpretar este idioma antes del descubrimiento de la Piedra de Rosetta? Ah, no sé. Huelga decir que los egiptólogos actuales no están de acuerdo con la etimología que propuso.

A Gébelin le siguieron, alrededor del año 1800, Jean-Baptiste Alliette (alias Etteilla), Marie-Anne Adelaide Lenormand y un autor anónimo que se hacía llamar Monsieur le Comte de M. Este último fue quien escribió que el tarot era el mismísimo Libro de Toth.

Todos estos personajes en conjunto fundaron la cartomancia moderna basada en la lectura e interpretación de las cartas de tarot, afirmando que estas se originaban en el antiguo Egipto, que eran de importancia mística y cabalística, y que tenían profundos significados ocultos. También inventaron los significados que hoy atribuimos a estas cartas.
Etteilla creó un método de interpretación del tarot y hasta diseñó un mazo especialmente concebido para prácticas adivinatorias, probablemente el primero de la Historia.

Sin embargo, estos esforzados ocultistas no inventaron las cartas de tarot en sí. El tarot ya existía desde hacía siglos. ¿De dónde vino, y para qué se usaba?

Historia de las barajas de tarot

El mazo de tarot moderno es un mazo de barajas españolas, con 56 cartas divididas en cuatro palos y un comodín, a las que se agregan 21 cartas más con dibujos especiales. En el mundillo ocultista se les dice «arcanos menores» a las 56 cartas divididas en palos, y «arcanos mayores» a las 21 cartas especiales y al comodín, pero antiguamente los arcanos mayores eran denominados «triunfos». Los palos de los arcanos menores son los usuales en la baraja española: oros, copas, bastos y espadas, con figuras en los cuatro números más altos (sota, caballo, reina y rey).

Esto nos da la pista de que el tarot era originariamente un mazo de barajas para jugar. Comparte origen, por lo tanto, con el resto de las cartas de juego, que se cree que fueron introducidas en Europa por los árabes, a través de los reinos de la península íbérica, a fines de la Edad Media. Sabemos que en esa época ya había naipes de juego en España porque en 1310 el consejo que gobernaba la ciudad de Barcelona prohibió los juegos de cartas. Estos mazos comunes medievales no tenían comodín, pero ya constaban de las típicas 56 cartas divididas en cuatro palos, que por entonces eran monedas, copas, bastones y cimitarras.
Unos sesenta años más tarde, los naipes de juego no solo seguían usándose, sino que ya se habían extendido por el resto de Europa. Para entonces no había tarots todavía, al menos que se sepa.

La primera noticia que tenemos sobre un mazo de tarot o proto-tarot viene de un escrito de Martiano da Tortona que data de alrededor de 1425. Es la descripción de un mazo hoy perdido, llamado «mazo Michelino», compuesto por cuatro palos de 11 cartas cada uno y 16 triunfos. Los palos eran cuatro clases de aves: águilas, fénices, tórtolas y palomas, y los triunfos eran representaciones de dioses romanos.
A pesar de estas características únicas, se considera que se trata de un juego de tarot porque contiene cartas de triunfo.
El dueño de este ludus triumphorum («juego de los triunfos», como se le decía por entonces) era Filippo Maria Visconti, el riquísimo duque de Milán, quien lo había hecho fabricar por encargo. Las cartas fueron pintadas a mano por el pintor más caro de la región, Michelino da Besozzo, y Martiano da Tortona redactó el manuscrito que las describía, el cual acompañaba el mazo a modo de manual.

De entre los mazos de tarot más antiguos que han llegado hasta nosotros se destaca un conjunto que data de alrededor de 1450, que fue realizado por encargo de los Visconti-Sforza, la familia dominante de Milán. Estos mazos se encuentran incompletos, pero son de una gran belleza. Las cartas están hechas de pergamino pintado a la témpera y a veces decoradas con oro.

Cartas de tarot de los mazos Visconti-Sforza
Cartas de diferentes mazos pertenecientes a los Visconti-Sforza. ¡Da pena jugar con algo tan exquisito!
De izquierda a derecha: Reina de Espadas, el Emperador, la Muerte y la Fuerza
¿Por qué se le agregaron cartas de triunfo a las barajas comunes? No lo sabemos. Pero como se conservan mazos donde los palos son motivos heráldicos, puede que la elección de las figuras tuviese razones políticas. A fin de cuentas estas cartas eran encargadas por personajes muy adinerados y poderosos. Otro motivo pudo haber sido el didáctico, para educar a través del juego a algún niño de la nobleza. Por ejemplo, los triunfos del mazo Michelino podrían servir para aprender el conjunto de los dioses y semidioses de la mitología romana.
Hay quien considera que el propio Filippo Maria Visconti, al encargar el mazo Michelino, tuvo la idea de añadirle cartas de triunfo, lo que lo convertiría nada menos que en el inventor del tarot.

Estos tarots antiguos tenían un número de cartas variable. Los hay de cuatro palos de 11 cartas cada uno, de cinco palos de 13 cartas cada uno, de 5 palos con 14 cartas y de 5 palos con 16 cartas, y con una cantidad de cartas de triunfo también variable.
Uno de los primeros testimonios que tenemos acerca de un mazo de tarot constituido por la misma cantidad de cartas y con la misma estructura que los tarots modernos (cuatro palos de 14 cartas cada uno y 22 triunfos) se encuentra en un poema escrito hacia 1460-1494 por el conde Matteo Maria Boiardo.

¿Y las figuras que aparecen en los triunfos? ¿De dónde salieron?
Evidentemente, no del antiguo Egipto. Las figuras de los triunfos o arcanos mayores del tarot son fácilmente reconocibles como iconografía típica de la Edad Media y el Renacimiento. Algunas son alegorías, como la Rueda de la Fortuna o la Muerte; otras muestran personajes propios de la cultura europea de la época, como el Papa o el Diablo.
Contemporáneamente al mazo Michelino existía en Alemania un juego de cartas llamado Karnöffel que también incluía figuras como el Emperador, el Papa y el Diablo.

El tarot como juego

Jugadores de tarot franceses
Franceses jugando al tarot en el mercado de pulgas
de Saint-Ouen, cerca de París
A partir del Renacimiento, la gente simplemente jugó al tarot… y todavía sigue jugando. A nosotros puede parecernos extraño porque solamente conocemos al tarot como disciplina cartomántica, no como juego de cartas. Sin embargo, en gran parte de Europa se juega al tarot de la misma manera que al bridge o a la canasta. Es posible que nunca hayamos incorporado la tradición del juego de tarot porque no se difundió en la península ibérica. Tampoco es fácil verlo en una serie o película estadounidense o en un programa de cable de ese país, porque los antepasados de la nación estadounidense, los ingleses, tampoco jugaron ni juegan al tarot.

Las reglas del juego de tarot no son en absoluto un invento reciente: aunque hay variantes regionales, las reglas básicas ya aparecen en el manuscrito de Martiano da Tortona.
La estructura del mazo de tarot de juego es igual a la de los mazos que se usan para adivinación, aunque el diseño de los triunfos suele estar adaptado para que las figuras se distingan aunque uno reciba la carta al revés, como ocurre en los mazos de baraja de póquer con las figuras de la reina, el rey, etc., donde aparecen de medio cuerpo y duplicados, apuntando hacia arriba y hacia abajo.
Regionalmente puede haber otras variantes, como por ejemplo que los palos sean los de la baraja de póquer o francesa (diamantes, corazones, picas y tréboles) en lugar de los de la española. También hubo —y hay todavía— mazos donde los triunfos tradicionales son sustituidos por otras imágenes, como escenas de costumbres, diferentes clases de flores o animales, etc.
Mazo de tarot de c. 1778
Este mazo de tarot, impreso en Mannheim hacia 1778, tiene triunfos con figuras de animales, mientras que los palos son los de las barajas de póquer

Los tarots para cartomancia

Es difícil decir quién inició la tradición de usar los mazos de tarot con fines oraculares en lugar de para jugar, ya que incluso las cartas de baraja comunes se usaron al menos desde el Renacimiento con el primer fin. El motivo es bastante obvio: las cartas son ideales para «echar suertes», lo mismo que los dados o las monedas.

Le Bateleur, primer arcano mayor de un mazo de tarot clásico de c. 1701-1715
El Mago, primer triunfo de un
mazo de tipo marsellés impreso
en Lyon hacia 1701–1715
Sin embargo, la práctica de crear y diseñar mazos de tarot específicos para adivinación comienza alrededor del año 1800 con las intervenciones (ya mencionadas al inicio de este artículo) de Court de Gébelin y otros ocultistas contemporáneos a él.
Recordemos nuevamente que la difusión del tarot como herramienta de adivinación no hizo desaparecer la costumbre de usarlo para jugar a las cartas, sino que solamente la eclipsó para los medios de comunicación masivos.

El tarot de Marsella y otros

A fines del siglo XIX el ocultista francés Papus (Gérard Encausse) mencionó el tarot de Marsella en uno de sus libros, y en la década de 1930 fue popularizado por el cartomántico francés Paul Marteau: se trata del nombre colectivo de una serie de mazos de tarot con diseños parecidos entre sí que se fabricaban en la ciudad francesa de Marsella. El tarot de Marsella es importante en la historia del tarot esotérico porque sus figuras se usaron como modelo para muchos mazos del siglo XIX, y todavía hoy es uno de los más conocidos.

Un efecto del uso esotérico del tarot fue la creación de nuevos mazos orientados a esa finalidad en particular. De estos, sobresalen por su popularidad el mazo Rider-Waite, cuyo diseño data de 1909, y el Tarot de Thoth, realizado entre 1938 y 1943 de acuerdo con las instrucciones del ocultista inglés Aleister Crowley, que tiene influencia de estilos estéticos modernos y es muy hermoso.

Actualmente existe una inmensa variedad de mazos de tarot para uso esotérico que abarca un espectro amplísimo en cuanto a diseños y conceptos: los hay simples o recargados de símbolos, con atribuciones astrológicas o cabalísticas, de diferentes formatos… Otro fenómeno interesante es la creación de tarots temáticos: tarots celtas, africanos, de las hadas, de los ángeles, y muchísimos más.
Reconstrucción de la bicicleta supuestamente inventada por Leonardo Da Vinci
Algunos museos albergan reconstrucciones de la bicicleta de Leonardo, como esta que se encuentra en el Museo Leonardo Da Vinci de la localidad de Vinci, Italia
Todo empezó un día en que me encontraba editando un artículo de Wikipedia que había sido iniciado por un editor anterior. Este había incluido en el artículo una imagen de una página de estudios geométricos atribuida a Leonardo Da Vinci, y me estaba resultando difícil averiguar si era auténtica o no, ya que nunca la había visto.

Una búsqueda por Internet arrojó que la página era auténtica y que se había publicado por primera vez en la obra en tres tomos Leonardo, editada por Ladislao Reti en Milán en 1974. La imagen en cuestión era poco conocida porque la obra recopilaba varias páginas de apuntes de Leonardo Da Vinci que hasta el momento habían permanecido inéditos. Por ese motivo, en inglés se había publicado bajo el título The Unknown Leonardo (‘El Leonardo desconocido’).

La bicicleta misteriosa

Para mi sorpresa, en uno de los sitios que visité encontré que una de las páginas de apuntes inéditos de Leonardo contenía un boceto de una bicicleta. Se trataba de una bicicleta con cadena y pedales, cosa insólita ya que el primer antecesor reconocido de la bicicleta es la Laufmaschine o draisine, patentada por el alemán Carl von Drais en 1818, que no tenía ninguno de esos agregados modernos y debía ser impulsada por los pies del usuario.

Los apuntes inéditos de Da Vinci

Ahora, ¿de dónde venían estos apuntes de Leonardo que no habían sido publicados hasta 1974, uno de los cuales tenía un dibujo de una bicicleta?

Réplica (caja en forma de libro) del Codex Atlanticus
realizada por Mario Taddei. Foto: Mario Taddei
Los apuntes habían estado archivados en el Codex Atlanticus, una colección de dibujos de Leonardo Da Vinci que Pompeo Leoni reunió y encuadernó después de la muerte de aquel, hacia fines de los años 1500.
Como Leonardo escribía en las dos caras de las hojas de papel, el recopilador montó las páginas originales en una especie de folios con un rectángulo calado en el centro, de manera que pudieran verse las dos caras de cada hoja. Excepto algunas hojas que del lado del revés no habían sido dibujadas por Leonardo, sino por sus alumnos. En esos casos las hojas fueron montadas de manera que solo la cara dibujada por el maestro fuese visible: la otra cara del folio no fue calada.
El resultado de esa decisión fue que los garabatos atribuidos a los alumnos de Leonardo permanecieron incógnitos hasta la década de 1960, cuando el Codex Atlanticus fue desmontado para su restauración por iniciativa del ingeniero Nando di Toni y el investigador André Corbeau.

La hoja que nos interesa data de alrededor de 1492 y se le ha asignado el número 133. De un lado tiene dibujos en tinta atribuibles a la mano de Leonardo: bocetos de artefactos destinados a mejorar las fortificaciones costeras. Del otro lado hay garabatos varios (algunos obscenos) y, en el extremo superior derecho, el boceto de la bicicleta. La bicicleta tiene dos ruedas alineadas, con rayos; manubrio, asiento, dos pedales y transmisión de cadena con tracción en la rueda trasera. Los pedales tienen, como en las bicicletas modernas, unas bielas fijadas a un plato dentado en el cual se engancha la cadena. En cuanto al manubrio, no queda claro si tiene la capacidad de hacer doblar la rueda delantera o si es fijo.

Bcicleta dibujada en el folio 133v del Codex Atlanticus
El famoso boceto del reverso del folio 133, atribuido a Leonardo Da Vinci, quien en esta oportunidad exhibe la habilidad artística de un niño de cinco años

Mecanismos con cadenas y poleas en el Códice Madrid I, folio 10r
Mecanismos con cadenas y ruedas dentadas
en el folio 10r del Códice Madrid (Tomo I)
Aunque el mecanismo de transmisión del boceto se ve moderno, Leonardo habría estado familiarizado con sus elementos. En 1967, mientras la restauración del Codex Atlanticus estaba en curso, el romanista estadounidense Jules Piccus descubrió en la Biblioteca Nacional de Madrid dos álbumes de apuntes de Leonardo, los llamados Códices Madrid. En estos apuntes se encuentran esquemas de artefactos que incluyen ruedas dentadas que permiten traccionar cadenas, similares a las de una bicicleta.

El 15 de abril de 1974, en Vinci, el historiador literario Augusto Marinoni, uno de los autores de la voluminosa obra Leonardo, reveló al mundo el boceto de la bicicleta durante una conferencia sobre los Códices Madrid. Simultáneamente estaba en prensa el segundo tomo de Leonardo, precisamente aquel que contenía una reproducción del boceto de la bicicleta y donde había colaborado Marinoni.

Una bicicleta, en el otro sentido del término

Sin embargo, diversos involucrados en la restauración del Codex Atlanticus y en la edición de Leonardo, como la historiadora de arte Anna Maria Brizio, el editor Ladislao Reti y el ingeniero Nando di Toni, no creyeron en la autenticidad del boceto de la bicicleta y se generó una pequeña batalla de acusaciones y réplicas entre ellos y Marinoni. Era cierto que el Codex había estado en restauración cerca de diez años, y que durante ese tiempo las páginas habían ido y venido por distintas localidades de Italia, por lo que había un amplio y confuso margen para discutir si la bicicleta había sido «plantada» en el folio 133 o no.

En 1978, el historiador de arte Carlo Pedretti publicó un catálogo de las hojas restauradas del Codex Atlanticus donde describía su contenido, no sin quejarse de la mala calidad de la restauración.
Pedretti también había tenido acceso al Codex antes de su restauración, en 1961. En esa oportunidad no había podido examinar directamente el reverso del folio 133, ya que se encontraba cubierto, pero sí había mirado el folio a trasluz para ver qué había allí. En el lugar donde debía estar la bicicleta solo había visto dos círculos y unas pocas líneas, que le parecieron ser «el comienzo de algunos diagramas geométricos». No había ni asiento, ni manubrio, ni rayos en las ruedas, ni cadena, ni pedales, ni nada que hiciera pensar en una bicicleta.

Marinoni también le replicó a Pedretti en defensa de la autenticidad de la bicicleta, pero, de acuerdo con Pedretti, el esbozo de 1961 estaba realizado con un trazo denso y oscuro, y de haber existido más líneas en ese entonces, hubiese debido verlas fácilmente.

Al comparar el apunte que hizo Pedretti de las líneas que vio en 1961 con el boceto de la bicicleta publicado en 1974 parece evidente que alguien aprovechó los dos círculos originales para dibujar las ruedas de la bicicleta, agregándoles rayos, y las pocas líneas restantes para ejecutar el manubrio y el sostén del asiento, añadiendo después los pedales, la cadena y el resto de los detalles.

De acuerdo con el profesor Hans-Erhard Lessing, que trató este tema en una conferencia que tuvo lugar en Glasgow en 1997, «el o los falsificadores hicieron un uso económico de las líneas que ya estaban presentes, […] lo que explica lo idiosincrático del diseño del manubrio».
Algo más tarde, Lessing supo por medio de Paolo Galluzzi, director del Istituto e Museo di Storia della Scienza, que la tinta de los bocetos del folio 133 había sido analizada y que en su composición entraban ingredientes que recién habían sido incorporados a la tinta a partir del siglo XIX.

¿Por qué?

¿Por qué alguien iba a tomarse el trabajo de garabatear una bicicleta en el reverso del folio 133 del Codex Atlanticus y atribuírsela a Leonardo?
Personalmente creo que tiene razón el profesor Lessing: «la competencia entre las naciones industrialistas [europeas] que llevara a la Primera Guerra Mundial creó mitos de prioridad chovinistas, por lo general difundidos con el fin de atribuirle la prioridad al país del falsificador».

Carl von Drais sobre su laufmaschine
Carl von Drais sobre su Laufmaschine o draisiana
En otras palabras, todos quieren ser los inventores de la bicicleta.

La draisiana alemana se patentó en 1817.

En 1891, el periodista francés Louis Baudry de Saunier publicó en su libro Histoire de la Vélocipédie que el conde Mede de Sivrac había inventado en 1791 el célérifère, una bicicleta sin pedales, lo que daba la prioridad de la invención de la bicicleta a Francia. Pero en 1976 se comprobó que era mentira.

Similarmente, en 1927 el británico Herbert O. Duncan publicó en su libro The World on Wheels una ilustración de una proto-bicicleta inglesa que dataría de 1642, lo que le daba clara prioridad al Reino Unido, aventajando a Francia. Décadas después se demostró que también era un bulo.

Y, finalmente, en 1974 se presentó la «bicicleta de Leonardo» haciéndola remontarse a 1492, lo que debía convencer al resto del mundo de que la prioridad sobre la invención de la bicicleta la tenía Italia. ¿Acaso Leonardo Da Vinci no era un gran inventor?
De acuerdo con lo último que supe de Augusto Marinoni, sigue afirmando que la bicicleta del Codex Atlanticus es auténtica.

Una verdadera bicicleteada.
Monedas chinas de la suerte

A todos nos ha pasado entrar en un bazar de propietarios chinos y ver toda clase de estatuillas e imágenes que no sabemos qué significan. Algún budista, profesor de Tai Chi Chuan o especialista en Feng Shui (geomancia china) puede que tenga un nivel de conocimientos mayor sobre estos temas, pero nadie está a salvo de quedarse afuera, a menos que haya tenido contacto con la cultura china durante mucho tiempo o haya investigado el tema previamente. Así que aquí va una lista de algunos de estos íconos populares chinos. Lista necesariamente breve e insuficiente, pero espero que útil.

Buda

Estatuilla de Buda
Probablemente el más reconocible de la lista, Buda —es decir «el Iluminado»— es la máxima figura del budismo. Nacido en la India hacia el año 500 a.C. como el príncipe Siddhārtha Gautama, se convirtió en un sabio y enseñó a la humanidad cómo disipar el dolor y escapar del ciclo de las reencarnaciones hacia un estado espiritual trascendente.
Los budistas, de acuerdo con las enseñanzas de Buda, procuran ser conscientes de sus propios actos, pacíficos, buenos y compasivos con los demás seres, y alejar de sí las emociones extremas, la violencia y la codicia, siempre buscando mejorar.

Generalmente se representa a Buda sentado con las piernas cruzadas y en actitud de meditación, con los ojos cerrados. Su cabello está formado por muchísimos rulitos redondos. Puede estar sentado sobre una flor de loto y esbozar una suave sonrisa. También, claro está, hay figuras de Buda donde aparece de pie, acostado y en otras posturas.

Yin–Yang

Este símbolo es bastante conocido y muy antiguo. Su nombre correcto es taijitu, y hay varias formas de representarlo, todas las cuales son simétricas. En el contexto chino está asociado al taoísmo, y representa la alternancia de polaridades que es la dinámica del Universo mismo. El círculo en que se inscribe el taijitu representa el todo, y los sectores negro y blanco representan a fuerzas o conceptos de signo opuesto, llamados yin y yang, respectivamente. A veces los occidentales lo usamos para significar la convivencia armoniosa de los opuestos.

Dragón

Ventana con dragón chino
Dragón chino con su perla
El origen del dragón chino se pierde en las nieblas de la Historia, así que no ahondaremos en ese sentido. Llamado generalmente lóng, ocupa en la cultura china el lugar más alto en la jerarquía animal, más o menos como el león en Occidente. Similamente, el dragón estuvo asociado en China a la figura del emperador. Está compuesto por las partes de nueve animales, y tiene nueve hijos, cada uno con sus cualidades. Tiene una potestad especial sobre las aguas y la lluvia. Significa fuerza, poder y buena suerte.

El dragón tiene por costumbre perseguir una perla o joya flamígera, a la que a veces lleva en la boca, sobre la lengua. El origen y el significado de esta perla son oscuros (algunos dicen que la perla era originariamente el sol o la luna), pero en general se interpreta que representa la sabiduría y la verdad, razón por la cual el dragón la persigue.

En la tradición china se encuentran muchos tipos de dragones y muchas criaturas que son variaciones de la figura clásica del dragón.

Fénix

Fénix chino
El fénix chino (fenghuang) es como un faisán cuya cola termina en varias plumas largas de pavo real, o como un gallo con cola larga. Es el rey de las aves y puede ser macho o hembra. Se dice que el dragón representaba al emperador y el fénix a la emperatriz, aunque no parece que las evidencias históricas respalden esta idea.

El fénix representa la virtud y la gracia, y especialmente las cinco virtudes que enseñó Confucio (benevolencia, honestidad, sabiduría, integridad y buen comportamiento). Donde reinan la maldad y la corrupción el fénix no se queda a vivir, mientras que es atraído por el comportamiento ético y virtuoso. Si está representado con el dragón, simboliza la armonía y la felicidad conyugales, ya que en ese caso  se considera que el fénix es hembra y el dragón es macho.


Buda que se ríe (Budai)

Este es un personaje calvo, barrigón, risueño y con la panza al aire al que se suele representar sentado. Tiene el detalle de que los lóbulos de sus orejas son muy largos. Muy conocido en Occidente, se lo confunde bastante con el Buda Gautama, pero no es «ese» Buda.

Budai, estatuilla
Este está hecho en imitación laca
Budai fue un monje budista chino del período Liang tardío (907–923 d.C.) al que se recuerda por haber sido eccéntrico, pero amable y de carácter alegre. En las representaciones lleva solamente una túnica y unos pocos objetos (que pueden ser un rosario, una bolsa, un bastón rústico de madera, un abanico, etc.). Es pobre pero feliz, y representa el contento, la generosidad, la sabiduría y la amabilidad. En algunas tradiciones se lo identifica con Maitreya, un Buda futuro.

Curiosamente, las estatuillas de Budai a veces se usan como amuleto para atraer dinero, por lo que a veces este personaje aparece con monedas o con lingotes chinos, que tienen forma de sombrero y que antaño se usaban como moneda.

Ocho Inmortales

Son ocho personajes, especie de santos taoístas, que alcanzaron la inmortalidad. Se dice que nacieron durante las dinastías T’ang (618–907 d.C.) o Song (960–1279 d.C.). Uno solo de ellos, Hé Xiāngū, es mujer, aunque hay otro, Lán Cǎihé, cuyo género es medio ambiguo. Igual que con los santos cristianos, para reconocerlos se los representa de determinada manera:

  • Hé Xiāngū no estaba interesada en las cosas mundanas y fue volviéndose más y más sutil e inmaterial, hasta que comenzó a levitar. Entonces otros inmortales la instruyeron para que fuese eterna también. Lleva una flor de loto o un cucharón de bambú, aunque a veces también puede vérsela con una canasta de bambú llena de objetos que el taoísmo relaciona con la inmortalidad, o lleno con las frutas y hierbas que solía ir a buscar para su madre.
  • Cáo Guójiù, que fue tío de un emperador Song, aparece con atavío de la corte y sosteniendo una tableta de jade (ocasionalmente sostiene unas castañuelas largas). Molesto con los actos de su hermano menor, que acostumbraba mandar gente a ejecutar injustamente, se retiró a las montañas a buscar la sabiduría. Su tableta de jade tiene el poder de purificar el ambiente.
  • Lǐ Tiěguǎi usa una muleta de hierro y parece un mendigo, porque en una oportunidad perdió su cuerpo, y su alma se vio obligada a habitar el cuerpo de un vagabundo que había muerto de hambre. Se compadece de los necesitados y alivia a los enfermos con un remedio milagroso e inagotable que guarda en un recipiente de calabaza.
  • Lán Cǎihé lleva una canasta de bambú repleta de flores o de plantas relacionadas con la inmortalidad, se viste con harapos azules y usa un solo zapato. Durante su vida mundana tenía la costumbre de emborracharse, pero cuando lo hacía improvisaba canciones relacionadas con la santidad. Despreciaba el dinero, contaba chistes y se mantuvo joven durante muchísimos años, hasta que una grulla se lo llevó milagrosamente al Cielo.
  • Lü Dòngbīn fue un académico y poeta de la dinastía T’ang que nació en el año 796. Fue tentado terrenalmente con la ambición de aprobar los exámenes imperiales para obtener un alto cargo en la corte, pero renunció a eso para seguir el camino del Tao. Se empeña en ayudar a los mortales a alcanzar la sabiduría y la iluminación. Se lo representa con una espada que sirve para dispersar a los malos espíritus; usualmente la lleva colgada a la espalda.
  • Hán Xiāngzǐ vivió en la corte T’ang, y se dice que era un joven irresponsable y contestatario, aunque esto no le impidió convertirse en un experto alquimista. Alcanzó la inmortalidad cuando su cuerpo terrenal pereció al caerse de un duraznero. Lleva una flauta que tiene el poder de dar vida. A veces también lleva unas castañuelas largas de bambú.
  • Zhāng Guǒ Lǎo fue un venerable taoísta que vivió cerca del final del siglo VII. Cuando nació ya había venido haciendo méritos en vidas pasadas, desde la creación del mundo. Va montado sobre un burro y lleva un yü ku (instrumento musical hecho con un tubo de bambú, con dos varillas metálicas que sobresalen), pero también puede tener una pluma de fénix o un durazno de la inmortalidad.
  • Zhönglí Quán, un general de la época de los Han (206 a.C.–220 d.C.), mientras huía de una derrota militar en las montañas se encontró con un anciano misterioso que le enseñó los rituales de la inmortalidad; luego usó sus poderes para salvar a la gente del hambre y la pobreza. Lleva un abanico que tiene la propiedad de revivir a los muertos.

A los Ocho Inmortales se los entiende y representa como unos seres amables, bastante risueños, que viajan subidos en nubes. Están relacionados con los cumpleaños, porque —naturalmente— representan la longevidad. Algunos son patronos de diferentes oficios.

Fu, Lu y Shou

Si encontramos una representación de solamente tres personajes juntos, puede que no se trate de ninguno de los Ocho Inmortales sino de las deidades personificadas de las estrellas Fu, Lu y Shou (Felicidad, Prosperidad y Longevidad), a las que popularmente se rinde tributo.

Fu, Lu y Shou
Shou, Lu y Fu, de izquierda a derecha
  • Fu, la Felicidad que traen las Bendiciones, es el planeta Júpiter. Su personificación es Yang Cheng, un funcionario del reino Han Occidental (206 a.C.–5 d.C.), que arriesgó su vida escribiendo una petición al emperador para que no aceptara más esclavos enanos como tributo imperial. Se lo representa como un sabio que sostiene un rollo de escrituras. A veces también sostiene un niño o está rodeado de niños.
  • Lu, la Prosperidad, es la estrella Mizar de la Osa Mayor. Se relaciona con prosperidad, rango e influencia. Se cree que su personificación es Zhang Xian, un bajo oficial de la corte que vivió durante la dinastía Shu tardía (934–960 d.C.) y cuya dedicación al trabajo y al estudio le valieron alcanzar un alto puesto. Antes se le rezaba a Lu para aprobar los exámenes imperiales, que eran dificilísimos pero permitían conseguir un buen trabajo y posicionarse en la corte. Es un personaje que va vestido como un mandarín, sosteniendo un cetro.
  • Shou, la Longevidad, es la estrella Canopus, la más brillante de la constelación Carina (la Quilla), astro que según la tradición china marca el Polo Sur. Por este motivo, a su personificación también se le dice «el Viejo del Polo Sur». Es fácil de reconocer por su larga barba blanca, su cabeza calva y su frente protuberante. Tiende a estar sonriente y sostiene un bastón de madera y un durazno de la inmortalidad. En el bastón trae atada una calabaza donde guarda el elixir de la vida. Puede estar acompañado por una grulla, un ciervo o un murciélago, que son otros símbolos de larga vida.

Duraznos de la inmortalidad

Son un motivo tradicional del arte chino. El Emperador de Jade y la Reina Madre del Oeste, que viven en un palacio sobre el monte Kunlun, tienen un jardín de durazneros milagrosos cuyos frutos ofrecen a dioses y demás inmortales para perpetuar sus vidas. Por este motivo, los duraznos suelen aparecer en decoraciones que incluyen otros símbolos de longevidad, o en las manos de diversos inmortales.

Leones guardianes

Pareja de leones guardianes chinos
León y leona guardando la entrada
de un edificio
Son estatuas con forma de leones sentados, estilizados, más parecidos a perros pekineses que a leones verdaderos. Su aspecto poco realista se debe a que antiguamente los chinos solo veían un león cuando era traído del Oeste a modo de tributo para el emperador, ya que no es un animal nativo de China. Cuando el emperador decidía quedarse con los leones que le regalaban, eran muy admirados por su presencia y poder.

Tradicionalmente se ubica a los leones guardianes a cada lado de la entrada de los templos, palacios y otros edificios importantes, para que la custodien.

Los leones guardianes casi siempre vienen en pareja, y en ese caso representan a un león y a una leona, aunque, como ambos tienen melena, no lo parecen. El macho tiene debajo de una de sus patas delanteras una esfera que representa al mundo, mientras que debajo de la pata de la hembra hay un leoncito con la panza para arriba. A veces cada uno de los leones lleva una perla en la boca, como los dragones.

Doce animales

Estos son bastante conocidos. Son los doce animales del calendario lunar y del zodíaco chino, que no es solamente chino sino que está difundido por gran parte de Asia, con algunas variaciones en los animales. De hecho, el sistema calendárico de los doce animales fue introducido en China por monjes budistas procedentes de Siberia hace unos 1500 años, lo que para la historia de la cultura china es poco.

En China los animales son Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Oveja/Cabra (la palabra para «oveja» es la misma que para «cabra», por lo que no hay diferencia), Mono, Gallo, Perro y Chancho. En Occidente nos atribuimos estos animales según el año en que hayamos nacido, pero no toda la astrología china funciona de esa manera. Por ejemplo, cuando se adivina el destino con el método de los Cuatro Pilares, el astrólogo también le asigna un animal al mes, al día y a la hora en que nacimos.

En un bazar chino, los doce animales pueden venir en conjunto o separados. Pueden estar estampados en un juego de doce tacitas de té, o pueden ser mascotitas individuales para llavero.

Monedas de la suerte

Son imitaciones de monedas tradicionales chinas, redondas con un agujero cuadrado en su centro. Curiosamente, estas monedas–talismán, que no sirven como dinero, se fabrican desde hace siglos, así que existen algunas que son reliquias. Solían tener escritas frases auspiciosas augurando paz, riquezas, longevidad, felicidad, etc.

Sapo del dinero

Chan chu en su rincón asignado,
sentado sobre lingotes y
monedas. Foto: Kelly Cookson
Es una estatuilla en forma de sapo de aspecto dragonesco, con ojos rojos, casi siempre echado sobre una pila de monedas o de lingotes chinos, que sostiene una moneda en su boca. Se le dice generalmente chan chu («el sapo»), aunque tiene otros apodos. Si lo miramos por detrás notaremos que no tiene cuatro patas, sino solo tres; también podríamos ver que en el lomo tiene siete verrugas ordenadas de modo que representan la constelación de la Osa Mayor, que se considera auspiciosa.

Vista posterior del sapo.
Foto: Jimmie
Se dice que este sapo era en un principio Cháng’é, la diosa de la Luna, que robó el elixir de la inmortalidad y que por eso fue transformada en sapo; en otra versión la ladrona es la esposa de uno de los Ocho Inmortales, que roba un durazno de la inmortalidad. Otros dicen que el sapo del dinero es capaz de escupir monedas de oro y plata, y que fue capturado por Liú Hái, un dios menor de la prosperidad que vive en la Luna.

Se trata de un amuleto para atraer dinero y repeler la mala suerte. Los practicantes de Feng Shui tienen indicaciones muy precisas sobre el lugar de la casa donde debe ubicarse a este sapo.

Tigre

A diferencia del león, del tigre los chinos siempre tuvieron un conocimiento bastante directo, por lo que existe un rico folklore a su alrededor. Junto con el dragón, el fénix y la tortuga, es uno de los cuatro animales sobrenaturales que rigen los puntos cardinales y las estaciones del año (el tigre rige el Oeste y el otoño). Además, se supone que las rayas de su frente forman una letra china que significa «rey». Suele luchar con el dragón, de ahí que se los represente juntos en los emblemas de las escuelas de artes marciales. En este último caso, el tigre personifica al principio yin y el dragón al yang.

En los cuentos tradicionales chinos, los tigres aniquilan el mal y protegen a los buenos, por lo que desde hace mucho se fabrican toda clase de talismanes con la forma o la imagen del tigre para alejar los males. También existe un amuleto en forma de garra de tigre (hu chao) que se usa para evitar el pánico y atraer el coraje. En los bazares chinos es posible encontrar tigres en forma de póster y, menos frecuentemente, de figura para repisa.

Tortuga dragón

Es una tortuga con cabeza de dragón, o un dragón con caparazón de tortuga, según cómo se lo mire. Es un motivo típico del arte chino, aunque no muy antiguo. Puede que haya sido creado para ennoblecer la imagen de la tortuga.

Este animal reúne las virtudes tradicionalmente atribuidas al dragón y a la tortuga, y en consecuencia tiene connotaciones de longevidad, persistencia, coraje, poder, estabilidad y ayuda. Aparece a veces en forma de estatuilla, ya sea solo, con tortuguitas (su cría) o acompañado por el sapo del dinero, en medio de monedas y lingotes.

Nudo sin fin

Nudo de la suerte chino

Su nombre originario es pan chang, lo que no cambia muchas cosas, ya que simplemente significa «nudo». Es un nudo o moño muy complicado, que se entrecruza varias veces. Está por todos lados en los bazares chinos, pero usualmente forma parte del cordón de colgantes y llaveros. También puede aparecer como dibujo estampado, porque es uno de los Ocho Tesoros del budismo, ocho símbolos auspiciosos que tradicionalmente se han usado para decorar los objetos de porcelana.

Al no tener ni principio ni fin, el nudo nos recuerda temas cíclicos de la filosofía budista, como la rueda de las reencarnaciones y el retorno de la deuda kármica. Pero también se usa para desear una vida larga y feliz. Preferentemente se lo realiza en color rojo, que para los chinos es el más positivo.

Existen otros estilos de nudos sin fin, con otros nombres. Aprender a hacerlos es, más que un pasatiempo, una artesanía bastante meritoria.

Ocho caballos

Aunque al visitar el bazar los encontremos estampados en una cortina de baño, no son ocho caballos cualesquiera: son los Ocho Nobles Caballos del Emperador Mu, un motivo decorativo tradicional.

Provienen de una historia que data al menos del siglo III a.C. El emperador Mu de la dinastía Zhou (1023–983 a.C.) quiso probar los duraznos de la inmortalidad y así vivir para siempre. Salió hacia el monte Kunlun, donde viven los inmortales, en una comitiva de carruajes tirados por ocho caballos en total, cada uno de los cuales tenía un color de pelo distinto. Aunque Mu encontró a la Reina Madre del Oeste en la Laguna de Jade e intercambió con ella regalos, poemas y cortesías, renunció a la inmortalidad y regresó a su reino. No obstante, como consiguió llegar a Kunlun, la imagen de sus ocho caballos significa la perseverancia y el éxito.

Los Ocho Nobles Caballos del Emperador Mu