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Fragmento de mural maya del sitio de Bonampak
Detalle de una de las pinturas murales del Templo de las Pinturas de Bonampak, en Yucatán. Foto: Iñaki Herrasti

Esta es una reelaboración de un artículo que escribí una vez en Wikipedia.

Un color puede contar una historia inimaginable.
Este nos lleva hasta el área maya de Mesoamérica, alrededor del siglo XII.

Es un hecho poco conocido que casi todos los edificios de los mayas estaban pintados, tanto por dentro como por fuera, con brillantes colores. Aparentemente los colores eran importantes para esta cultura.
Sin embargo, en nuestra época esos edificios parecen no ser más que ruinas de piedra descolorida, ya que el paso del tiempo, junto con las malas condiciones de conservación, hicieron desaparecer su capa de pintura externa, cuando no el revoque de estuco sobre el que se aplicaba. Pero en algunas ocasiones el estuco de los murales pintados en el interior de los edificios se conservó, y con él algunas importantes pinturas murales.

Pintura mural tolteca procedente de Cacaxtla
Reconstrucción de una pintura mural
olmeca-xicalanca de Cacaxtla, datada
alrededor del año 700 d.C. En el original, el
azul es pigmento azul maya. Foto: Travis
La historia del redescubrimiento del azul maya comienza en 1931, durante una expedición arqueológica organizada por el Instituto Carnegie de Washington, conjuntamente con el Instituto Mexicano de Antropología e Historia (INAH). En esa oportunidad se tomó una muestra de una sustancia azul del Templo de los Guerreros, en el sitio arqueológico de Chichén Itzá.

Esta sustancia fue aislada por H.E. Merwin, del Instituto Carnegie. Y aquí es cuando empieza el misterio del azul maya.

Un azul sorprendente

Se trata de un pigmento de color azul. No es siempre del mismo tono y matiz de azul, sino que puede ser más claro, más oscuro, francamente azul, aturquesado o verdoso.
Inicialmente se pensó que solo se lo podía encontrar en el área maya de Yucatán, y por eso fue bautizado como «azul maya». Luego empezó a hallárselo en murales arqueológicos de toda Mesoamérica, ejecutados por otras culturas aparte de la maya (tolteca, mixteca, azteca…). También se lo encontró en cerámicas, códices y esculturas.

Para empezar, este pigmento tenía la propiedad de haberse conservado bien a pesar de los siglos transcurridos en condiciones climáticas muy adversas (calor y humedad de la selva).
Analizado, se halló que era excepcionalmente permanente. No se decoloraba ni con la exposición a la luz, ni con el calor ambiente, ni por la acción de microorganismos. También resistía a la lavandina, al ácido nítrico concentrado, al ácido sulfúrico y al agua regia.

Pero tenía todavía otra propiedad: era muy difícil elucidar cómo estaba hecho.

En busca de la receta perdida

Durante unos sesenta años, el azul maya desafió los intentos de averiguar cómo se preparaba, y con qué. El secreto de su fabricación se había perdido. Pero resultó que se había perdido en épocas relativamente recientes, ya que en tiempos coloniales aún se usaba.

Trozo de palygorskita, una arcilla de estructura lamelar
Trozo de palygorskita en el que
puede verse la estructura
fibrosa. Foto: John Kygier
En 1989 se descubrió este pigmento en pinturas murales de unos edificios coloniales de Cuba. Era un color azul verdoso que hasta ese momento se había llamado «azul Habana». Se cree que se lo usó hasta cerca de 1860, y que tal vez se lo importaba de México.

Perdida la receta, el trabajo de averiguar la composición y preparación del azul maya quedó en manos de la química y de la arqueología.

En 1946 se descubrieron los fabulosos murales mayas del Templo de las Pinturas de Bonampak, ocasión en la que se tomó otra muestra de pintura azul que sería muy reveladora.
Un estudio mediante difracción de rayos X mostró que uno de los componentes del pigmento azul maya era una arcilla llamada palygorskita. Este es un tipo de arcilla particular, de estructura fibrosa. A primera vista parece ser un material textil, porque se deshilacha.

Rama y flores de jiquilite (Indigofera suffruticosa)
Rama florida del jiquilite o añil
(Indigofera suffruticosa).
Foto: Lauren Gutierrez
Luego, durante un tiempo, se sospechó que el azul maya ocultaba algún ingrediente de origen orgánico. Hasta que en 1962 se lo identificó por fin, mediante espectroscopía infrarroja: índigo.
El índigo natural es un tinte azul oscuro que puede extraerse de varias plantas, típicamente de las del género Indigofera. Antes de la invención de los tintes sintéticos fue muy usado para teñir telas. En Europa y Asia se usó más que nada la especie Indigofera tinctoria, pero en Mesoamérica se disponía de especies nativas, como el jiquilite (Indigofera suffruticosa).


Siguió un período durante el cual diferentes investigadores, cual alquimistas, intentaron recrear el azul maya.

En 1966, H. van Olphen intentó fabricar azul maya con índigo sintético y varios tipos de arcillas lamelares (fibrosas). A grandes rasgos dio en el clavo, pues utilizó la técnica correcta para combinar los ingredientes: la cocción. También notó que, de todas las arcillas empleadas, la palygorskita era la que daba un pigmento más permanente.
Luego de muchas experiencias por parte de distintos investigadores, surgieron algunas recetas de azul maya aceptables. Hubo también quien notó que si se usaba la arcilla correcta, el pigmento ya era estable y resistente antes de la cocción, por el simple hecho de mezclarlo y homogeneizarlo.

Cenote en Valladolid, México
Cenote en Valladolid, México. Foto: dronepicr

Nanotecnología precolombina

¿Qué es lo que hace que el índigo del azul maya se vuelva resistente a todo tipo de ataques? Para explicarlo hay que descender al nivel molecular. Se cree que, durante la preparación del pigmento, las moléculas de índigo se meten en los túbulos que componen la estructura de la palygorskita y forman enlaces de hidrógeno con la arcilla, por lo que quedan «hechas carne» —por así decir— con aquella.
El resultado de esto es un pigmento de una estabilidad asombrosa. Es probable que se trate del primer pigmento orgánico estable, pero además de eso constituye una forma de nanotecnología.

El color sagrado

Se sabe que los antiguos pueblos mesoamericanos estimaban mucho el color azul verdoso, que es el color del agua y de la vegetación, sin los cuales no hay vida. Consideraban preciosos a algunos materiales verdes o verdeazulados, como las turquesas, el jade y las plumas de quetzal.

En 1904, el arqueólogo E.H. Thompson comenzó a dragar el cenote (pozo sagrado) de Chichén Itzá en busca de restos de la antigua cultura maya. Encontró objetos de madera, de cobre, de jade y hasta de oro, pero el que nos interesa ahora es un simple cuenco de tres patas.
En 2008, un equipo formado por arqueólogos de varias instituciones de Illinois reparó en el cuenco, que estaba lleno de arcilla endurecida con restos de pigmento azul. Tras analizarlo, concluyeron que en el cuenco se había comenzado a preparar azul maya, pero que el proceso había quedado interrumpido al arrojarse el cuenco al cenote. La mezcla endurecida contenía arcilla e índigo, pero también copal, el incienso de los mayas.

Pebetero maya con representación del dios Chaac
Pebetero maya con representación
del rostro de Chaac. También los
hubo con la efigie de Tláloc, la
«versión» azteca de Chaac.
Foto: Travis
Por fuentes históricas y arqueológicas se sabe que los mayas acostumbraban peregrinar a los cenotes para realizar ceremonias en honor de Chaac, el dios de la lluvia, durante las cuales arrojaban al cenote toda clase de objetos considerados preciosos, incluyendo víctimas humanas y recipientes con copal.
Muchas de las ofrendas a Chaac se pintaban de azul, aun las personas. De hecho, en el fondo del cenote se encuentra una capa de barro azul de hasta 5 cm de espesor, que se cree que se debe a la pintura desprendida de las ofrendas arrojadas allí.

También se observó que los mayas yucatecos actuales dan un uso medicinal al índigo y a la palygorskita.

Basándose en esto, los arqueólogos postularon que, durante las ceremonias en el cenote, en los cuencos se quemaba copal junto con índigo y arcilla, a fin de producir el pigmento azul verdoso y acto seguido ofrendarlo al dios, arrojando los cuencos al cenote. De esta manera se honraba a Chaac con el copal sagrado que producía el color simbólico del dios a partir de dos sustancias medicinales.

El juicio del siglo XXI

¿Cómo se compara el azul maya con otros pigmentos azules?
Queda muy bien posicionado. Durante el curso de la historia de la Humanidad, los pigmentos azules fueron particularmente difíciles de lograr.

Para obtener un azul indeleble, los antiguos pueblos mesoamericanos básicamente debían cocinar arcilla junto con hojas de una planta. Mientras que en la misma época, los pintores del Viejo Mundo sudaban la gota gorda moliendo lapislázuli, que no solo era durísimo, sino que costaba un ojo de la cara.
Recién en el siglo XIX algunos químicos y ceramistas franceses encontraron sustitutos para el lapislázuli y la azurita que se habían usado hasta entonces. Así nacieron el azul ultramar moderno y el azul cobalto… aunque este último tampoco resultó ser barato.
Sobre el final de ese siglo se inventaron los colorantes basados en el alquitrán, que con el tiempo terminarían desplazando a los otros.

Actualmente, sin embargo, el azul maya todavía despierta interés por ser ambientalmente amigable, permanente, fácil de preparar y económico.
Billiken con bola de cristal, en Osaka

Para los argentinos, Billiken es el nombre de una revista infantil que se publica desde el año 1919. El hecho de que haya atravesado varias generaciones hace que sea conocida por todos.
Pero ¿qué es «Billiken»? Es decir, ¿de dónde sale ese nombre?
Foto: Mr. Chura

Por sorprendente que parezca, en busca de una respuesta a esa pregunta podemos remontarnos a tiempos muy pero muy antiguos. ¿Nos perderemos en las nieblas de la Historia? ¿Seremos confundidos por mil cuentos y rumores, y extraviaremos el camino? Numerosos peligros acechan quien vaya en busca de Billiken, pero debemos confiar en que la suerte estará de nuestro lado.

Japón, siglo XVII

Dando un gigantesco salto en el tiempo y el espacio vamos a parar a Japón, alrededor del año 1663. Allí, el artista Kano Yasunobu ha concluido una hermosa pintura sobre seda que representa a los Siete Dioses de la Suerte: Benzaiten, Bishamonten, Daikokuten, Ebisu, Fukurokuju, Hotei y Jurōjin. No podemos retroceder más en el tiempo porque esta pintura es la primera representación del panteón tradicional de los Siete Dioses de la Suerte... hasta donde sabemos. En realidad, es posible que Tan’yu, el hermano del pintor, los hubiera representado antes. Pero dejemos de lado esos detalles.

Estatua de Hotei en el templo budista de Manpuku, Japón
Hotei en el Tenno-den (Sala de los Reyes
Celestiales) del templo budista de Manpuku, en Japón
Foto: Michael Gunther
Estos Siete Dioses de la Suerte no son todos autóctonos de Japón, ni mucho menos: el único con esa característica es Ebisu, dios oceánico de los pescadores, el comercio y el trabajo honesto. Daikokuten, Benzaiten y Bishamonten vienen de la India, mientras que Hotei y Jurōjin provienen de China.
De los dos dioses chinos, el que nos interesa es Hotei, que en China se llama Budai y representa a un monje budista que vivió durante la dinastía Liang tardía (907–923 d.C).

Pero todos conocemos a Hotei/Budai. Es esa estatuilla de un señor panzón y calvo, por lo general sentado con las piernas cruzadas, que siempre se está riendo. Nosotros solemos decirle «Buda», aunque no es el Buda Gautama. También se lo conoce como «el Buda que se ríe».
En Asia representa el contento, la felicidad, la plenitud y la sabiduría de contentarse con lo que se tiene. Se cree que frotarle la panza trae suerte, creencia que se extendió a Occidente. En el panteón budista a veces es un bodhisattva o santo iluminado, pero para la tradición popular japonesa tiene estatus de Dios de la Suerte, representa la virtud de la Magnanimidad, y es el Dios del Contento y la Felicidad.

El loco nuevo siglo

Menos mal que está la imaginación, porque si no, no sé cómo quedaríamos después de tan tremendos saltos en el tiempo y el espacio. Ahora aterrizamos en Estados Unidos a principios del siglo XX.

Menos problemas tuve para entender los dioses y santos asiáticos que para entender la locura que tenían los estadounidenses de los primeros años del siglo XX por los amuletos de la suerte. Era una verdadera epidemia. Hasta los financistas de Wall Street los usaban, y a veces los llevaban encima, metidos en bolsillos secretos de sus trajes.
Un amuleto de la suerte de la época podía tener una forma tradicional: de trébol, de herradura, de elefante, de chanchito, de moneda. O podía ser inventado por el portador: el tintero con el que había firmado un contrato exitoso, parte de la suela de un zapato que había usado en un día de suerte, etc.
También se habían importado símbolos de la suerte de Asia, como el «buda» Hotei y la esvástica. (Como es posible imaginar, la esvástica como símbolo de suerte cayó en desuso durante la década de 1930.)

Eventualmente algunos emprendedores comenzaron a diseñar, patentar y vender amuletos de la suerte. Estaba, por ejemplo, el Imp-O-Luck, patentado en 1923, que era una especie de duende que salía de una herradura decorada con tréboles de cuatro hojas. Se fabricó en forma de estatuilla dorada de yeso, en forma de placa metálica para llevar en el bolsillo, etc.
Pero parece ser que otros tomaron como modelo a Hotei.

Billiken nace como duende y es promovido a Dios de la Suerte

El 12 de junio de 1908, una profesora de dibujo de Kansas City, de nombre Florence Pretz, se dirigió a la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos para registrar un amuleto de la suerte que había inventado, y el 6 de octubre de ese mismo año la patente Nº 39.603 le fue concedida. El amuleto era Billiken, el «dios-de-todas-las-cosas-como-deberían-ser».

La actriz Florence Reed en su casa, en 1921
Todavía en 1921, la actriz estadounidense
Florence Reed fue fotografiada en su hogar
con vestimenta orientalizante y tocando un
idolillo similar al Billiken. Foto: revista Photoplay
¿Cómo era Billiken? Era una estatuilla antropomorfa parecida a las del «buda» Hotei. Sonriente y de rasgos orientales, aunque de aspecto aniñado y con un jopito en la coronilla, un poquito panzón, sentado con las piernas extendidas delante de sí, y con los brazos a los lados del cuerpo. Se parecía un poco al viejo Hotei y otro poco a los dibujos de duendes de los cuentos infantiles que estaban de moda.

¿Y de dónde había salido su nombre? Se cree con suficiente fundamento que el nombre Billiken apareció por primera vez en el poema de 1896 Mr. Moon: a song of the Little People, de los autores canadienses Bliss Carman y Richard Hovey. Allí es el nombre de un duende no descrito.
En 1907, el duende Billiken reapareció en la revista canadiense The Canada West, en una serie de cinco cuentos escritos por Sara Hamilton Birchall e ilustrados por la ya mencionada Florence Pretz. Esta vez Billiken era el protagonista, y al estar ilustrado podemos verlo: es un duendecito convencional, diminuto, aniñado, con escarpines y orejas puntiagudos, y alas y antenas de insecto.
Estos cuentos dejaron de publicarse en 1908, año en que Miss Pretz patentó el amuleto Billiken en forma de estatuilla. Este sería el Billiken definitivo que todo el mundo conocería, aunque al haber perdido las alas, las antenas y los escarpines en punta, ya no se parecía tanto a un duende.

Que hubo una intención por parte de Pretz de asimilarlo al «buda» Hotei podría discutirse, de no ser por un artículo aparecido el 3 de mayo de 1908 en el Chicago Daily Tribune, donde se ve a Pretz, en kimono, encendiendo incienso frente al ídolo Billiken. El artículo cuenta del interés de Pretz por la cultura japonesa, y de cómo encargó el modelado del Billiken a una amiga suya, la ya mencionada Sara Hamilton Birchall.

En otros artículos periodísticos de la época, Florence Pretz declara que, efectivamente, había tomado el nombre Billiken del poema Mr. Moon de 1896, que la inspiración para el Billiken le había venido de haber estado observando, cierto día, una colección de estauillas de dioses que se encontraba en el gabinete de arte del colegio en el que trabajaba, y que su intención al crear el amuleto había sido «hacer una imagen de la esperanza y la felicidad por cuyos preceptos uno pudiera más o menos regirse».

Postal de Billiken, 1908
Postal de 1908 con frase: «Mientras
yo te esté sonriendo / la mala
suerte no podrá dañarte. — Billiken.»

Billiken conquista el mundo

En sus primeras épocas de amuleto de la suerte, Billiken fue la mascota de la Liga de Artesanos —movimiento relacionado con el célebre Arts and Crafts—, y sus estatuillas, que eran de yeso, solamente podían adquirirse en los talleres de la Liga. Las publicidades gráficas del ídolo Billiken incluían mensajes especiales para sus «devotos» y frases inspiradoras relacionadas con la felicidad, cosa que lo diferenciaba de otros amuletos y mascotas de la época.

El éxito del amuleto Billiken fue arrollador e inmediato (tal vez ayudado por cierto espiritualismo popular de la época, que preconizaba el optimismo). Ya durante el año de su creación fue furor en Canadá y en Estados Unidos. A las primeras figuras de yeso dieron lugar alcancías, postales, rompecabezas, hornillos de incienso, botellas, tazas, prendedores, colgantes, muñecos… todo con la efigie de Billiken. Hubo canciones sobre Billiken y números de baile con muñecos de Billiken.
También le salieron imitadores, como Joss, Joy Germ, Billycan, Silligen, Gobbo y Buddha Ho-Ho, hoy olvidados.

Con el correr de los años Billiken se extendió por el mundo, arraigando en los lugares más impensados.
En 1945, la antropóloga Dorothy Jean Ray arribó al remoto pueblo de Nome, en Alaska, y encontró que allí se vendían billikens tallados a mano en enormes cantidades. Al preguntar a los locales qué era ese pequeño ídolo, le respondieron que era «algo que los esquimales siempre habían hecho». Luego supo que eso no era cierto, pero que aun así la venta de billikens representaba un aporte importante a la economía esquimal.
Los billikens de Alaska están tallados a mano en materiales naturales, como marfil de morsa, hueso de ballena y piedra jabón.

Catálogo de artesanías de marfil, Seattle, 1916
Página de catálogo (1916) de un vendedor de curiosidades de Seattle, con artesanías de marfil. Los objetos marcados con el número 6 son billikens de Alaska.

Ray también observó que la costumbre de tallar billikens, que había sido adoptada por los esquimales de Alaska en 1909, había sido transmitida poco después a los esquimales de Uelén, en Siberia, introduciéndose en el folklore del pueblo chukchi. Estos billikens rusos se llaman pelikens.


Billiken gigante en Osaka
Enorme billiken en plena calle, en Osaka. Mientras que
en Estados Unidos se considera que trae suerte frotar la
panza del Billiken, en Japón la tradición sostiene que hay
que frotarle las plantas de los pies. Foto: Connie
En determinado momento el dios Billiken llegó a Japón, donde se encontró de manos a narices con su ancestro, Hotei. ¿Y qué ocurrió?

En la ciudad de Osaka, el barrio de Shinsekai había sido originariamente modelado en estilo neoyorquino, e incluía un parque de diversiones llamado Luna Park, que funcionó entre 1912 y 1923. Allí se había emplazado en su época un billiken de madera, obviamente en representación de la cultura estadounidense. Como resultado, Billiken terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de Osaka, que hoy está plagada de billikens de todos los tamaños. El más famoso, también de madera, está solemnemente entronizado en la torre Tsūtenkaku.

Billiken para la posteridad

Aunque la fama de Billiken ya estaba decayendo hacia 1912, con el correr de los años diferentes entidades lo proclamaron su mascota o adoptaron su nombre. La revista infantil Billiken, que todos los argentinos conocemos, fue una de ellas, en 1919; en 1920 apareció en Caracas una revista literaria con el mismo nombre, que se publicó hasta mediados del siglo pasado.
Curiosamente, en Argentina se sostiene un mito local sobre el origen de Billiken: se dice que este era originariamente un dios hindú capaz de conferir felicidad, y que los amuletos Billiken fueron introducidos a este país por su fabricante, quien se habría llamado Billy Kent.

Por más que comercialmente haya pasado de moda, Billiken tiende a resurgir, especialmente en Japón, Europa y Estados Unidos. En las décadas de 1960 y 1970, Japón producía billikens en forma de figurinas de cerámica, alcancías, saleros y objetos por el estilo, mientras que en Estados Unidos fueron documentados moldes para repostería, dijes y estatuas de cemento para jardines.

Los dejo con esta declaración que hace el mismísimo Billiken en el primer número de la revista infantil homónima, que es testimonio de su arribo a la Argentina:
Aquí, en este bello país, he encontrado niños de todas las razas, he visto mil pueblos reunidos bajo una linda bandera que hace pensar en el cielo, y me he dicho: este es el país donde Billiken debe quedarse.
Monedas chinas de la suerte

A todos nos ha pasado entrar en un bazar de propietarios chinos y ver toda clase de estatuillas e imágenes que no sabemos qué significan. Algún budista, profesor de Tai Chi Chuan o especialista en Feng Shui (geomancia china) puede que tenga un nivel de conocimientos mayor sobre estos temas, pero nadie está a salvo de quedarse afuera, a menos que haya tenido contacto con la cultura china durante mucho tiempo o haya investigado el tema previamente. Así que aquí va una lista de algunos de estos íconos populares chinos. Lista necesariamente breve e insuficiente, pero espero que útil.

Buda

Estatuilla de Buda
Probablemente el más reconocible de la lista, Buda —es decir «el Iluminado»— es la máxima figura del budismo. Nacido en la India hacia el año 500 a.C. como el príncipe Siddhārtha Gautama, se convirtió en un sabio y enseñó a la humanidad cómo disipar el dolor y escapar del ciclo de las reencarnaciones hacia un estado espiritual trascendente.
Los budistas, de acuerdo con las enseñanzas de Buda, procuran ser conscientes de sus propios actos, pacíficos, buenos y compasivos con los demás seres, y alejar de sí las emociones extremas, la violencia y la codicia, siempre buscando mejorar.

Generalmente se representa a Buda sentado con las piernas cruzadas y en actitud de meditación, con los ojos cerrados. Su cabello está formado por muchísimos rulitos redondos. Puede estar sentado sobre una flor de loto y esbozar una suave sonrisa. También, claro está, hay figuras de Buda donde aparece de pie, acostado y en otras posturas.

Yin–Yang

Este símbolo es bastante conocido y muy antiguo. Su nombre correcto es taijitu, y hay varias formas de representarlo, todas las cuales son simétricas. En el contexto chino está asociado al taoísmo, y representa la alternancia de polaridades que es la dinámica del Universo mismo. El círculo en que se inscribe el taijitu representa el todo, y los sectores negro y blanco representan a fuerzas o conceptos de signo opuesto, llamados yin y yang, respectivamente. A veces los occidentales lo usamos para significar la convivencia armoniosa de los opuestos.

Dragón

Ventana con dragón chino
Dragón chino con su perla
El origen del dragón chino se pierde en las nieblas de la Historia, así que no ahondaremos en ese sentido. Llamado generalmente lóng, ocupa en la cultura china el lugar más alto en la jerarquía animal, más o menos como el león en Occidente. Similamente, el dragón estuvo asociado en China a la figura del emperador. Está compuesto por las partes de nueve animales, y tiene nueve hijos, cada uno con sus cualidades. Tiene una potestad especial sobre las aguas y la lluvia. Significa fuerza, poder y buena suerte.

El dragón tiene por costumbre perseguir una perla o joya flamígera, a la que a veces lleva en la boca, sobre la lengua. El origen y el significado de esta perla son oscuros (algunos dicen que la perla era originariamente el sol o la luna), pero en general se interpreta que representa la sabiduría y la verdad, razón por la cual el dragón la persigue.

En la tradición china se encuentran muchos tipos de dragones y muchas criaturas que son variaciones de la figura clásica del dragón.

Fénix

Fénix chino
El fénix chino (fenghuang) es como un faisán cuya cola termina en varias plumas largas de pavo real, o como un gallo con cola larga. Es el rey de las aves y puede ser macho o hembra. Se dice que el dragón representaba al emperador y el fénix a la emperatriz, aunque no parece que las evidencias históricas respalden esta idea.

El fénix representa la virtud y la gracia, y especialmente las cinco virtudes que enseñó Confucio (benevolencia, honestidad, sabiduría, integridad y buen comportamiento). Donde reinan la maldad y la corrupción el fénix no se queda a vivir, mientras que es atraído por el comportamiento ético y virtuoso. Si está representado con el dragón, simboliza la armonía y la felicidad conyugales, ya que en ese caso  se considera que el fénix es hembra y el dragón es macho.


Buda que se ríe (Budai)

Este es un personaje calvo, barrigón, risueño y con la panza al aire al que se suele representar sentado. Tiene el detalle de que los lóbulos de sus orejas son muy largos. Muy conocido en Occidente, se lo confunde bastante con el Buda Gautama, pero no es «ese» Buda.

Budai, estatuilla
Este está hecho en imitación laca
Budai fue un monje budista chino del período Liang tardío (907–923 d.C.) al que se recuerda por haber sido eccéntrico, pero amable y de carácter alegre. En las representaciones lleva solamente una túnica y unos pocos objetos (que pueden ser un rosario, una bolsa, un bastón rústico de madera, un abanico, etc.). Es pobre pero feliz, y representa el contento, la generosidad, la sabiduría y la amabilidad. En algunas tradiciones se lo identifica con Maitreya, un Buda futuro.

Curiosamente, las estatuillas de Budai a veces se usan como amuleto para atraer dinero, por lo que a veces este personaje aparece con monedas o con lingotes chinos, que tienen forma de sombrero y que antaño se usaban como moneda.

Ocho Inmortales

Son ocho personajes, especie de santos taoístas, que alcanzaron la inmortalidad. Se dice que nacieron durante las dinastías T’ang (618–907 d.C.) o Song (960–1279 d.C.). Uno solo de ellos, Hé Xiāngū, es mujer, aunque hay otro, Lán Cǎihé, cuyo género es medio ambiguo. Igual que con los santos cristianos, para reconocerlos se los representa de determinada manera:

  • Hé Xiāngū no estaba interesada en las cosas mundanas y fue volviéndose más y más sutil e inmaterial, hasta que comenzó a levitar. Entonces otros inmortales la instruyeron para que fuese eterna también. Lleva una flor de loto o un cucharón de bambú, aunque a veces también puede vérsela con una canasta de bambú llena de objetos que el taoísmo relaciona con la inmortalidad, o lleno con las frutas y hierbas que solía ir a buscar para su madre.
  • Cáo Guójiù, que fue tío de un emperador Song, aparece con atavío de la corte y sosteniendo una tableta de jade (ocasionalmente sostiene unas castañuelas largas). Molesto con los actos de su hermano menor, que acostumbraba mandar gente a ejecutar injustamente, se retiró a las montañas a buscar la sabiduría. Su tableta de jade tiene el poder de purificar el ambiente.
  • Lǐ Tiěguǎi usa una muleta de hierro y parece un mendigo, porque en una oportunidad perdió su cuerpo, y su alma se vio obligada a habitar el cuerpo de un vagabundo que había muerto de hambre. Se compadece de los necesitados y alivia a los enfermos con un remedio milagroso e inagotable que guarda en un recipiente de calabaza.
  • Lán Cǎihé lleva una canasta de bambú repleta de flores o de plantas relacionadas con la inmortalidad, se viste con harapos azules y usa un solo zapato. Durante su vida mundana tenía la costumbre de emborracharse, pero cuando lo hacía improvisaba canciones relacionadas con la santidad. Despreciaba el dinero, contaba chistes y se mantuvo joven durante muchísimos años, hasta que una grulla se lo llevó milagrosamente al Cielo.
  • Lü Dòngbīn fue un académico y poeta de la dinastía T’ang que nació en el año 796. Fue tentado terrenalmente con la ambición de aprobar los exámenes imperiales para obtener un alto cargo en la corte, pero renunció a eso para seguir el camino del Tao. Se empeña en ayudar a los mortales a alcanzar la sabiduría y la iluminación. Se lo representa con una espada que sirve para dispersar a los malos espíritus; usualmente la lleva colgada a la espalda.
  • Hán Xiāngzǐ vivió en la corte T’ang, y se dice que era un joven irresponsable y contestatario, aunque esto no le impidió convertirse en un experto alquimista. Alcanzó la inmortalidad cuando su cuerpo terrenal pereció al caerse de un duraznero. Lleva una flauta que tiene el poder de dar vida. A veces también lleva unas castañuelas largas de bambú.
  • Zhāng Guǒ Lǎo fue un venerable taoísta que vivió cerca del final del siglo VII. Cuando nació ya había venido haciendo méritos en vidas pasadas, desde la creación del mundo. Va montado sobre un burro y lleva un yü ku (instrumento musical hecho con un tubo de bambú, con dos varillas metálicas que sobresalen), pero también puede tener una pluma de fénix o un durazno de la inmortalidad.
  • Zhönglí Quán, un general de la época de los Han (206 a.C.–220 d.C.), mientras huía de una derrota militar en las montañas se encontró con un anciano misterioso que le enseñó los rituales de la inmortalidad; luego usó sus poderes para salvar a la gente del hambre y la pobreza. Lleva un abanico que tiene la propiedad de revivir a los muertos.

A los Ocho Inmortales se los entiende y representa como unos seres amables, bastante risueños, que viajan subidos en nubes. Están relacionados con los cumpleaños, porque —naturalmente— representan la longevidad. Algunos son patronos de diferentes oficios.

Fu, Lu y Shou

Si encontramos una representación de solamente tres personajes juntos, puede que no se trate de ninguno de los Ocho Inmortales sino de las deidades personificadas de las estrellas Fu, Lu y Shou (Felicidad, Prosperidad y Longevidad), a las que popularmente se rinde tributo.

Fu, Lu y Shou
Shou, Lu y Fu, de izquierda a derecha
  • Fu, la Felicidad que traen las Bendiciones, es el planeta Júpiter. Su personificación es Yang Cheng, un funcionario del reino Han Occidental (206 a.C.–5 d.C.), que arriesgó su vida escribiendo una petición al emperador para que no aceptara más esclavos enanos como tributo imperial. Se lo representa como un sabio que sostiene un rollo de escrituras. A veces también sostiene un niño o está rodeado de niños.
  • Lu, la Prosperidad, es la estrella Mizar de la Osa Mayor. Se relaciona con prosperidad, rango e influencia. Se cree que su personificación es Zhang Xian, un bajo oficial de la corte que vivió durante la dinastía Shu tardía (934–960 d.C.) y cuya dedicación al trabajo y al estudio le valieron alcanzar un alto puesto. Antes se le rezaba a Lu para aprobar los exámenes imperiales, que eran dificilísimos pero permitían conseguir un buen trabajo y posicionarse en la corte. Es un personaje que va vestido como un mandarín, sosteniendo un cetro.
  • Shou, la Longevidad, es la estrella Canopus, la más brillante de la constelación Carina (la Quilla), astro que según la tradición china marca el Polo Sur. Por este motivo, a su personificación también se le dice «el Viejo del Polo Sur». Es fácil de reconocer por su larga barba blanca, su cabeza calva y su frente protuberante. Tiende a estar sonriente y sostiene un bastón de madera y un durazno de la inmortalidad. En el bastón trae atada una calabaza donde guarda el elixir de la vida. Puede estar acompañado por una grulla, un ciervo o un murciélago, que son otros símbolos de larga vida.

Duraznos de la inmortalidad

Son un motivo tradicional del arte chino. El Emperador de Jade y la Reina Madre del Oeste, que viven en un palacio sobre el monte Kunlun, tienen un jardín de durazneros milagrosos cuyos frutos ofrecen a dioses y demás inmortales para perpetuar sus vidas. Por este motivo, los duraznos suelen aparecer en decoraciones que incluyen otros símbolos de longevidad, o en las manos de diversos inmortales.

Leones guardianes

Pareja de leones guardianes chinos
León y leona guardando la entrada
de un edificio
Son estatuas con forma de leones sentados, estilizados, más parecidos a perros pekineses que a leones verdaderos. Su aspecto poco realista se debe a que antiguamente los chinos solo veían un león cuando era traído del Oeste a modo de tributo para el emperador, ya que no es un animal nativo de China. Cuando el emperador decidía quedarse con los leones que le regalaban, eran muy admirados por su presencia y poder.

Tradicionalmente se ubica a los leones guardianes a cada lado de la entrada de los templos, palacios y otros edificios importantes, para que la custodien.

Los leones guardianes casi siempre vienen en pareja, y en ese caso representan a un león y a una leona, aunque, como ambos tienen melena, no lo parecen. El macho tiene debajo de una de sus patas delanteras una esfera que representa al mundo, mientras que debajo de la pata de la hembra hay un leoncito con la panza para arriba. A veces cada uno de los leones lleva una perla en la boca, como los dragones.

Doce animales

Estos son bastante conocidos. Son los doce animales del calendario lunar y del zodíaco chino, que no es solamente chino sino que está difundido por gran parte de Asia, con algunas variaciones en los animales. De hecho, el sistema calendárico de los doce animales fue introducido en China por monjes budistas procedentes de Siberia hace unos 1500 años, lo que para la historia de la cultura china es poco.

En China los animales son Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Oveja/Cabra (la palabra para «oveja» es la misma que para «cabra», por lo que no hay diferencia), Mono, Gallo, Perro y Chancho. En Occidente nos atribuimos estos animales según el año en que hayamos nacido, pero no toda la astrología china funciona de esa manera. Por ejemplo, cuando se adivina el destino con el método de los Cuatro Pilares, el astrólogo también le asigna un animal al mes, al día y a la hora en que nacimos.

En un bazar chino, los doce animales pueden venir en conjunto o separados. Pueden estar estampados en un juego de doce tacitas de té, o pueden ser mascotitas individuales para llavero.

Monedas de la suerte

Son imitaciones de monedas tradicionales chinas, redondas con un agujero cuadrado en su centro. Curiosamente, estas monedas–talismán, que no sirven como dinero, se fabrican desde hace siglos, así que existen algunas que son reliquias. Solían tener escritas frases auspiciosas augurando paz, riquezas, longevidad, felicidad, etc.

Sapo del dinero

Chan chu en su rincón asignado,
sentado sobre lingotes y
monedas. Foto: Kelly Cookson
Es una estatuilla en forma de sapo de aspecto dragonesco, con ojos rojos, casi siempre echado sobre una pila de monedas o de lingotes chinos, que sostiene una moneda en su boca. Se le dice generalmente chan chu («el sapo»), aunque tiene otros apodos. Si lo miramos por detrás notaremos que no tiene cuatro patas, sino solo tres; también podríamos ver que en el lomo tiene siete verrugas ordenadas de modo que representan la constelación de la Osa Mayor, que se considera auspiciosa.

Vista posterior del sapo.
Foto: Jimmie
Se dice que este sapo era en un principio Cháng’é, la diosa de la Luna, que robó el elixir de la inmortalidad y que por eso fue transformada en sapo; en otra versión la ladrona es la esposa de uno de los Ocho Inmortales, que roba un durazno de la inmortalidad. Otros dicen que el sapo del dinero es capaz de escupir monedas de oro y plata, y que fue capturado por Liú Hái, un dios menor de la prosperidad que vive en la Luna.

Se trata de un amuleto para atraer dinero y repeler la mala suerte. Los practicantes de Feng Shui tienen indicaciones muy precisas sobre el lugar de la casa donde debe ubicarse a este sapo.

Tigre

A diferencia del león, del tigre los chinos siempre tuvieron un conocimiento bastante directo, por lo que existe un rico folklore a su alrededor. Junto con el dragón, el fénix y la tortuga, es uno de los cuatro animales sobrenaturales que rigen los puntos cardinales y las estaciones del año (el tigre rige el Oeste y el otoño). Además, se supone que las rayas de su frente forman una letra china que significa «rey». Suele luchar con el dragón, de ahí que se los represente juntos en los emblemas de las escuelas de artes marciales. En este último caso, el tigre personifica al principio yin y el dragón al yang.

En los cuentos tradicionales chinos, los tigres aniquilan el mal y protegen a los buenos, por lo que desde hace mucho se fabrican toda clase de talismanes con la forma o la imagen del tigre para alejar los males. También existe un amuleto en forma de garra de tigre (hu chao) que se usa para evitar el pánico y atraer el coraje. En los bazares chinos es posible encontrar tigres en forma de póster y, menos frecuentemente, de figura para repisa.

Tortuga dragón

Es una tortuga con cabeza de dragón, o un dragón con caparazón de tortuga, según cómo se lo mire. Es un motivo típico del arte chino, aunque no muy antiguo. Puede que haya sido creado para ennoblecer la imagen de la tortuga.

Este animal reúne las virtudes tradicionalmente atribuidas al dragón y a la tortuga, y en consecuencia tiene connotaciones de longevidad, persistencia, coraje, poder, estabilidad y ayuda. Aparece a veces en forma de estatuilla, ya sea solo, con tortuguitas (su cría) o acompañado por el sapo del dinero, en medio de monedas y lingotes.

Nudo sin fin

Nudo de la suerte chino

Su nombre originario es pan chang, lo que no cambia muchas cosas, ya que simplemente significa «nudo». Es un nudo o moño muy complicado, que se entrecruza varias veces. Está por todos lados en los bazares chinos, pero usualmente forma parte del cordón de colgantes y llaveros. También puede aparecer como dibujo estampado, porque es uno de los Ocho Tesoros del budismo, ocho símbolos auspiciosos que tradicionalmente se han usado para decorar los objetos de porcelana.

Al no tener ni principio ni fin, el nudo nos recuerda temas cíclicos de la filosofía budista, como la rueda de las reencarnaciones y el retorno de la deuda kármica. Pero también se usa para desear una vida larga y feliz. Preferentemente se lo realiza en color rojo, que para los chinos es el más positivo.

Existen otros estilos de nudos sin fin, con otros nombres. Aprender a hacerlos es, más que un pasatiempo, una artesanía bastante meritoria.

Ocho caballos

Aunque al visitar el bazar los encontremos estampados en una cortina de baño, no son ocho caballos cualesquiera: son los Ocho Nobles Caballos del Emperador Mu, un motivo decorativo tradicional.

Provienen de una historia que data al menos del siglo III a.C. El emperador Mu de la dinastía Zhou (1023–983 a.C.) quiso probar los duraznos de la inmortalidad y así vivir para siempre. Salió hacia el monte Kunlun, donde viven los inmortales, en una comitiva de carruajes tirados por ocho caballos en total, cada uno de los cuales tenía un color de pelo distinto. Aunque Mu encontró a la Reina Madre del Oeste en la Laguna de Jade e intercambió con ella regalos, poemas y cortesías, renunció a la inmortalidad y regresó a su reino. No obstante, como consiguió llegar a Kunlun, la imagen de sus ocho caballos significa la perseverancia y el éxito.

Los Ocho Nobles Caballos del Emperador Mu